martes, 1 de noviembre de 2011

EL MAYOR DE CABALLERIA DON JUAN CAYETANO BELIERA

                                                                    No existen más que dos reglas para escribir:
                                                                    tener algo que decir y decirlo. Oscar Willde
         
                                                                                      Dedicado a Pedro Walter Beliera
                                                                                                    (1942-1984)

                                                                

Fue en el año 1983 cuando un recorte periodístico en el cual se hablaba del Sargento Mayor Cayetano Beliera llegó a nuestras manos. Se trataba de un artículo publicado por el viejo diario El Imparcial editado en Escobar; su texto lleno de interrogantes despertó nuestra curiosidad y no podíamos ser ajenos a la misma.

La nota hacía el siguiente comentario:

El Sargento Mayor Cayetano Beliera, cuyos restos descansan en paz en el cementerio de Pilar, en un modesto sepulcro y en su cruz se lee esta leyenda por demás sugestiva:

Sargento Mayor CAYETANO BELIERA, murió el 10 de Enero de 1895.
Sargento Mayor, grado alcanzado en una época en que se organizaba nuestra patria, y en sus largos años hemos tenido la guerra del Paraguay y miles de luchas intestinas como así la liberación del tirano Rozas… ¿En que época actuó? ¿Al servicio de quien y en que sitios alcanzó ese grado que no por modesto tiene suma importancia, porque se obtenían luchando y no cómodamente en los cuarteles? Mi curiosidad me hace preguntar ¿Quien era? ¿Qué personalidad encerraba este hombre a través de sus largos años vividos?

En nuestra acción periodística, es nuestro deber buscar en nuestro pasado glorioso y destacar a las generaciones presentes como ejemplo y descubrir las virtudes ignoradas; por eso esperamos de los familiares o autoridades quieran aportar los datos biográficos necesarios para justipreciar los méritos de este ciudadano argentino.

Con el anhelo de responder a estos interrogantes nos trasladamos al  cementerio, visitamos la sepultura que guarda los restos del militar y la de su esposa María Melo, contigua a la anterior. Comenzada la búsqueda de información entre los parientes, alguien comentó que en el mástil de la Plaza 12 de Octubre había una placa con su nombre; otros dieron la referencia del museo donde se exhibían sus pertenencias.

Así comenzó una investigación y al poco tiempo con mi primo Juan Pablo Beliera logramos confeccionar y publicar en el mes de octubre de 1985 un pequeño folleto con su biografía. A este opúsculo le siguieron otros con nuevos aportes y años después, divulgados sus antecedentes, su trayectoria fue reconocida por las autoridades de los partidos del Pilar y Escobar.


Digna y gloriosa vida la de este gran soldado, benemérito servidor de la patria. Comenzó su carrera militar en las milicias de campaña reclutado en forma obligatoria, alcanzando el grado de Sargento Mayor de Caballería tras medio siglo de actuación en las filas del Ejército.

Guerrero de los días grandes de la patria vieja, de aquel pasado sombrío y heroico con sus luchas intestinas. Las batallas contra el indio, Monte Grande, Malabrigo, Colastiné, Cepeda, Pavón, la Campaña al Desierto, fueron algunos de los sucesos que lo tuvieron presente y teatro de su bravura y audacia.


Nació el 8 de agosto de 1812 en el rincón de la Cañada de Escobar, hoy localidad de Maschwitz, en ese entonces territorio perteneciente a la jurisdicción y Curato del Pilar, donde se hallaba la estancia de sus padres don Juan Antonio Beliera y doña María Victoria Auli y López Camelo. En este lugar se había instalado a principios del siglo XVIII su abuelo paterno el marino francés don Jean Belier, esposo de doña Basilia Antonia Olivares, natural del rincón de Escobar e hija legítima del capitán don Antonio de Olivares y de doña María Josefa Luisa Rodríguez Moreno y Gil de la Rosa, también vecinos y propietarios de tierras en el dicho rincón, llamado así por hallarse el terreno limitado por la unión de la Cañada o Arroyo de Escobar y el Río Luján.

 

En la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, de la ciudad y Partido homónimo, obra la constancia de su bautismo celebrado el 23 de septiembre de 1812 por el Cura Vicario doctor don Marcelino Herrera. Era sobrino y ahijado del alcalde del Pilar (1818-1820) don Mariano del Pilar Beliera, e integraban su parentela, entre otros, don Baltasar Ponce de León, don Francisco Benito Maderna y don Vicente Basabe, reconocidas figuras en los anales de la crónica del Partido del Pilar por su activa participación en distintas funciones y en las gestiones llevadas adelante con el gobierno para trasladar de su antiguo asentamiento, al sitio actual, el pueblo y el templo religioso.


Cayetano Beliera jamás habrá intuido que, con su crianza en el campo, su apego al caballo y a las tareas rurales, su integración familiar debiera insertarse, contra su voluntad, a las filas del ejército, convirtiendo a éste en su destino y razón de ser.

Es así que de su propio relato podemos enterarnos de que a mediados del año 1840 revistaba en las tropas del General don Angel Pacheco, quien desde su comandancia en Salto vigilaba los amagos de los Ranqueles. En esos momentos el país atravesaba una crisis interna por la resistencia engendrada de algunos caudillos de las Provincias del norte contra el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.


El caos político y los sangrientos desbordes de las indiadas habían creado un clima de inseguridad y desorden. Para hacer frente a esta situación el Gobierno de Buenos Aires reforzó las unidades existentes y creó nuevas compañías de milicianos, distribuyéndolas por distintas partes del territorio.


En la narración de los acontecimientos vividos Cayetano Beliera cuenta: por haberme negado a seguir en el ejército del General Pacheco, fui llevado preso al campamento de Santos Lugares, después a la ciudad atado debajo de la barriga de un caballo, luego a la Villa de Luján y finalmente trasladado a la Provincia de Córdoba, donde quedé incorporado como Soldado en el Regimiento Nº 2 de Milicias de Campaña, bajo las órdenes del General don Manuel Oribe.


En efecto, el 16 de diciembre de 1840, el Coronel Edecán don Antonino Reyes comunicaba: que S. E. el Sr. Gobernador Juan Manuel de Rosas, había dispuesto se reciban en la Policía en calidad de presos a los individuos que remite, y son: Prudencio Gorosito, Cayetano Beliera, Juan Torres, Celedonio Vallejos, Melitón Acosta, Eduardo Mena, Victorino Bustos, Isidoro Gamarra, Felipe Romero, Estanislao Parra y Bartolo Perdriel.

Batella de Monte Grande. Obra realizada por Tagliabue
(Museo Saavedra, Buenos Aires)
Resignado a sus costumbres y amoldado a las nuevas circunstancias y obligaciones que le imponía el gobierno y las autoridades de la época, interviene en varios encuentros contra los indígenas.

El 19 de septiembre de 1841 combate en la batalla de Monte Grande (Famaillá, Provincia de Tucumán), donde integrando las fuerzas federales derrotan al General don Juan Lavalle, tomándole 480 prisioneros y dejando un saldo de 800 muertos como consecuencia del enfrentamiento.


El 19 de abril de 1842 le tocó luchar en el combate de Colastiné, Provincia de Santa Fe, contra las fuerzas del General don Juan Apóstol Martínez, quien es vencido. En el transcurso de esta contienda, Cayetano Beliera resulta herido de un lanzazo en su mano izquierda, quedando como recuerdo de esa lid una cicatriz que conservaría por el resto de sus días.


Por orden emanada del Coronel don Vicente González, compadre de Rosas y conocido por su alias El Carancho de Monte, integró entre los años 1842 a 1852 las unidades de vanguardia de los Regimientos de Milicias Nº 2 y 3, cuyo mando se le confió al Capitán don Prudencio Arnold, con precisas directivas para contrarrestar las grandes incursiones que hacían los indios Ranqueles, asistiendo Cayetano Beliera a todos los encuentros mantenidos con los aborígenes durante esos años, teniendo la dicha de salir siempre ileso y airoso.


El Coronel Arnold contaría en la posteridad: Las fuerzas con que contaban para hacer frente a tan poderosas invasiones provocadas por Baigorria y sus aliados (indios y cristianos), no eran más que 160 hombres, la mitad lanceros sin sable; otra mitad armada de carabinas del tiempo de la conquista, es decir de piedra o de chispa, como se las llamaba.


Tomó parte de la acción de San Jerónimo o Malabrigo, Provincia de Santa Fe, librada el 12 de agosto de 1845, en la cual triunfó el General don Pascual Echagüe sobre las fuerzas del General don Juan Pablo López, alias Mascarilla. Las secuelas de esta lucha fueron trágicas por la cantidad de muertos; el vencedor logró tomar unos 300 prisioneros y conquistó tres piezas de artillería, todo el armamento, municiones, bagajes y carretas con efectos del ejército contrincante.

Parados: Ciriaca Ernestina Beliera y su esposo Teodoro
Francisco Casaux. Sentados: María Melo y Cayetano
Beliera con sus nietas Juana Hortensia (izquierda)
y María Angelica Casaux (derecha). Año 1892.


Después de la caída de Rosas se traslado al pueblo de Baradero y en enero de 1856, el Juez de Paz de ese partido, don Luis Villanueva, lo convocó para integrar las tropas comandadas por el Mayor don Juan José Andrade, enfrentando en la oportunidad al General don Gerónimo Costa y otros altos oficiales, que provenientes de la costa oriental, en una invasión preparada, habían desembarcado en Zárate.


El 2 de junio de 1856, siendo ya Alférez, contrae enlace en la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar con doña María Melo, hija de don Juan Ramón Melo y de doña Basilia Santa Cruz; nieta paterna de don José Melo y de doña Rosa Burgueño y nieta materna de don Ramón Santa Cruz y de de doña María Burgueño, familias estas emparentadas entre sí y de viejo arraigo en el Pilar.

De su matrimonio con doña María Melo nacerían tres hijos; Norberto, murió soltero, Cayetana Ciriaca, fallecida al año de edad, y Ciriaca Ernestina, quien casó con Teodoro Francisco Casaux, con sucesión.

Afincado en Baradero es propuesto por las autoridades de ese partido para integrar la Segunda Compañía de Guardias Nacionales, bajo la comandancia de don Martín de Gainza - después General.

El 30 de diciembre de 1857 el Gobernador del Estado de Buenos Aires, don Valentín Alsina, firma su ascenso a Capitán y con ese grado actúa en la División Norte a las órdenes del General don Manuel Hornos.


En el Juzgado de Paz de Baradero de los años 1856, 1857 y 1858, se pueden ver y leer largas listas de soldados, donde se encuentran los apellidos de familias de antiguos criollos, que fueron nombrados para marchar a los cantones de Rojas, Villa Mercedes, Laguna del Espinillo, Loma Negra, Pergamino y muchas otras fronteras de aquellos años. La edad de cada uno oscila entre los 17 y 58 años y eran enviados a las fuerzas de los Coroneles Emilio Mitre, Cruz Gorordo y otros jefes.


La mayoría de estas listas están firmadas por el Inspector y Comandante General de Armas, el entonces Sargento Mayor don Martín de Gainza que tenía su asiento en Baradero, o también por otros jefes como los Capitanes Escardón o Cayetano Beliera; este último fue por muchos años jefe del pueblo con un sueldo de 11.80 por mes, con la obligación de andar en todas, menos en las de cobrar. Sobre la base de estos soldados se formó el Regimiento Nº 4 de Guardias Nacionales, que llegó a tener hasta 1.200 soldados de Baradero y pueblos vecinos.



En 1858 participa en la Campaña al Desierto integrando las fuerzas a cargo del Coronel don Emilio Mitre, luego Teniente General. En diciembre de ese año es uno de los firmantes de una nota petitorio redactada por el municipal del Baradero don Lino Piñero, escrito que es dirigido y remitido al Jefe del Departamento del Estado don Domingo Faustino Sarmiento, en la cual los vecinos planteaban la necesidad y solicitaban: una Escuela Superior bajo el plan adoptado en la Parroquia de la Catedral al sur en la Capital y con carácter de agrícola rural, para lo cual está dispuesto el vecindario a contribuir con arreglo a la ley; contando también con la cooperación de la honorable Municipalidad de este Distrito.


El edificio se erigió y aún permanece con orgullo levantado desde el día de su inauguración ocurrida el 2 de enero de 1870, en su primera etapa como primaria, en la actualidad como Escuela Normal Nacional.


El 23 de octubre de 1859 luchó en la batalla de Cepeda, Provincia de Buenos Aires, donde por segunda vez entraban a dirimir por las armas cuestiones civiles los Ejércitos de Buenos Aires, mandados por el General don Bartolomé Mitre, y el de la Confederación, que respondía al General don Justo José de Urquiza, siendo aprehendido por estos últimos y trasladado prisionero: junto con veinte oficiales me hicieron marchar desnudo y descalzo hasta el campamento de San José de Flores - diría Cayetano en sus memorias - , permaneciendo incomunicado hasta que se celebró el Pacto del 11 de noviembre de ese año, que posibilitó la liberación de todos los detenidos.


Revistando en el batallón 1º Norte de Guardias Nacionales, el 17 de septiembre de 1861 combatió en la primera línea de acción en el encuentro de Pavón, provincia de Santa Fe, a las órdenes del sargento mayor don Martín de Gainza y el coronel don Emilio Mitre, contienda donde derrotaron al general Urquiza. El Regimiento se componía de 682 soldados de Infantería que los tengo sin vestir – comenta Mitre en sus Memorias – y más de 120 soldados de Caballería que le sirvieron de escolta al generalísimo, porque era a quienes les tenía más confianza.


Esta batalla fue célebre por las peripecias del combate y sus resultados, pues ambas fuerzas abandonaron el campo: los porteños con sus caballerías dispersas y los confederados con su infantería y artillería deshecha; pero posteriormente, volviendo a avanzar, el Ejército de Buenos Aires llevó su bandera triunfante hasta Rosario.


La consecuencia política de este enfrentamiento marco el principio de la organización nacional y la disolución de la confederación formada por las trece Provincias argentinas que, segregando a Buenos Aires de la comunidad nacional, habían establecido su gobierno con la Capital en la Ciudad de Paraná, Provincia de Entre Ríos.


A fines de 1861 es designado Comandante de la Guardia Nacional del Pilar y el 14 de abril de 1864 se lo reconoce como Capitán de Línea, marchando con un contingente del Regimiento Nº 3 de Guardias Nacionales de Campaña a la Frontera Norte de Buenos Aires para poblar el Chañar (después llamado Lincoln en honor al presidente norteamericano de ese apellido asesinado en 1865), como resultado del adelantamiento de la frontera, haciéndolo acompañado de sus hermanos Severo y Antonia Beliera, sus cuñados y sobrinos, quienes instalaron sus viviendas en tierras otorgadas por el gobierno y al poco tiempo pastoreaban en ellas más de 2000 cabezas de ganado vacuno y lanar.


Permaneció en este lugar cumpliendo distintos servicios hasta el año 1874, como veremos seguidamente, revistando en principio bajo las órdenes del General don Eustaquio Frías y sucesivamente dependiendo de los Coroneles don Martiniano Charras, don Manuel Sanabria, don Plácido López, don Liborio Bernal, don Hilario Lagos y don Francisco Borges, Comandantes nombrados por el Ministro de Guerra General.



En mayo 14 de 1869 el Presidente de la Nación Argentina, don Domingo Faustino Sarmiento, atendiendo a sus méritos y servicios, le confiere el grado de Sargento Mayor de Caballería de Línea del Ejército Argentino. A propósito de esta jerarquía, en oportunidad de hacerse acreedor a la misma, el Teniente General y Presidente Argentino (1880-1886 y 1898-1904), don Julio Argentino Roca, expreso: "nunca me gustó que en el actual escalafón el antiguo rango de Sargento Mayor se denomine simplemente Mayor, porque se ha mutilado una denominación que venía desde los tiempos de la Patria vieja".


Un parte de acción redactado el 21 de octubre de 1869 por el Comandante de la Frontera Norte, Coronel don Martiniano Charras, da cuenta al Gobierno sobre el resultado de un enfrentamiento mantenido con los indios el día anterior en la zona de Chiquilof, Partido de Lincoln, recomendando el valor, la decisión y bravo comportamiento de todos los Jefes, Oficiales y Tropa a sus órdenes, especialmente la del Sargento Mayor Cayetano Beliera, quienes luego de una tenaz persecución lograron recuperar alrededor de 1500 yeguarizos y hacienda, que los salvajes habían arrebatado a los pobladores de El Triunfo (nombre impuesto al Fortín y que guarda relación con este encuentro. Las tierras que ocupaban esta defensa pertenece hoy al Cuartel Nº 12 del Partido de Lincoln, al oeste de la estación y localidad El Triunfo).


En febrero de 1870, siendo Jefe del Fortín Medias Lunas o La Media Luna - denominado así por existir a su lado una gran laguna de agua salobre de dos lunas nacientes unidas por sus extremidades -, sostuvo un encarnizado combate con los indios que invadieron esa parte de la frontera, logrando tomarle algunos prisioneros.


Al estallar la revolución del 24 de noviembre de 1874 participó en la campaña en la División del Oeste, sirviendo, como ayudante, del Coronel don Luis María Campos, pasando a mandar un Escuadrón de la Guardia Nacional del Pergamino, compuesto de 450 hombres.


Cuando culminaba el año 1875, por hallarse enfermo, obtiene licencia del Ministro de Guerra don Adolfo Alsina para retirarse de la Frontera Norte, quedando en la Plana Mayor disponible y más luego, repuesto de su dolencia, en forma activa cumpliendo funciones militares en Buenos Aires y en el Pilar.


El 17 de junio de 1880 con motivo de la cuestión de la Capital de la República, suscitada por el centralismo porteño y la oposición al mismo por parte de las Provincias interiores, participa en el Combate del Puente de Olivera, próximo a Luján, integrando las fuerzas porteñas que estaban al mando del Coronel José Inocencio Arias, contra el Ejército Nacional comandado por el Coronel Eduardo Racedo.


Muchas más acciones lo tuvieron como participe y seguiríamos enumerando medio siglo de encuentros transcurridos plagados de angustias, esperanzas, pasiones, sufrimientos y carencias, pero con la mira puesta en un ideal tal como lo era la grandeza de la patria, a la cual con coraje y desinterés brindara la vida hasta su último aliento.

Su foja de servicios confeccionada en 1890 computa más de 49 años de asistencia a la carrera castrense, de los que se deducen 7 años por recesos obligatorios, lapso este que pese a su avanzada edad no lo tuvo inactivo, pues lo puso al servicio de la comunidad, ya que consta que en el año 1882 integró en calidad de suplente la Corporación Municipal del Partido del Pilar y ejerció como Tesorero del Consejo Escolar del Distrito del Pilar.







 Además, el 10 de octubre de 1890, un grupo de vecinos influyentes entre los que se contaban Tomás Márquez, José Luexes, Julián Basabe, Luis Lagrave, Julián Manzanares, Juan Pinazo y Cayetano Beliera, se reúnen y deciden fundar el Club Unión del Pilar, institución que perdura en la actualidad y cuya sede se encuentra ubicada en la calle Lorenzo López a escasos metros de la plaza 12 de Octubre y de la Parroquia Nuestra Señora del Pilar.


 Otro de los aspectos relevantes de este personaje es su participación en la Revolución de 1890, gestada por un grupo de civiles y militares encabezados por el General don Manuel José Campos y el doctor don Leandro Alem, contra el entonces Presidente don Miguel Juárez Celman, revuelta que pese a fracasar inicialmente logra posteriormente hacer renunciar a este mandatario.

Este suceso fue el fortalecimiento de la Unión Cívica, una gran fuerza política de reciente formación en la cual Cayetano Beliera también fue protagonista junto a don Tomás Márquez, don Nicolás Martelli y otros vecinos del Pilar, en vísperas de las elecciones nacionales de 1892. Testimonio de ello es la correspondencia hallada y que recibiera del General Campos y otras personalidades de ese movimiento político.

La descripción cronológica de los hechos narrados, ha merecido en su momento elogios de preclaras figuras del pasado nacional, ponderaciones vertidas en forma espontánea sobre su persona para conformar su legajo personal y cuyo tenor merece ser conocido como broche de la brillante trayectoria de este ilustre militar:

El Mayor D. Juan Cayetano Beliera, sirvió a mis órdenes, en clase de soldado, poco más de nueve años, en la Frontera Sud de Santa Fe en la vanguardia, tomando su puesto de combate en los hechos de armas que tuvieron lugar en tan largo tiempo con los indios ladrones del desierto. En la batalla de Mal Abrigo, cumpliendo con su deber en todas partes. Marzo 24 de 1888 [fdo] Coronel ® Prudencio Arnold.


El Sargento Mayor D. Juan Cayetano Beliera ha servido a mis órdenes en varias épocas: en la frontera norte, por muchos años, ha prestado importantes servicios y en la batalla de Pavón era Capitán de la Compañía de Granaderos; su conducta en esta gloriosa jornada fue digna, habiendo tenido su compañía muchas bajas. El Sargento Mayor Beliera se hizo siempre acreedor del aprecio de sus superiores, por el fiel cumplimiento de su deber militar. Julio 14 de 1888 [fdo] General de División Martín de Gainza.


El Sargento Mayor Beliera ha servido en la Frontera Norte durante varios años, siendo jefe del campamento. Sobre su trayectoria no podré detallar los servicios que prestó este jefe, pero si puedo afirmar que se desempeño siempre a mi entera satisfacción, recibiendo mi aprecio y mi confianza. Agosto 2 de 1888 [fdo] Teniente General Emilio Mitre.


Cuando en septiembre de 1874 me recibí del mando del ejército que entonces se llamó del Oeste, organizado con motivo de la rebelión que en ese tiempo hubo, entre los ayudantes de la División de la Frontera Norte que se incorporaron y sirvieron a mis ordenes, estaba también el Mayor Beliera, quien sirvió en ese tiempo a mi satisfacción. Licenciado el ejército, pasó a la frontera como todos los demás oficiales que eran de esas fuerzas. Septiembre 29 de 1888 [fdo] General de División Luis María Campos.



En el año d 1858 el que suscribe siendo oficial del Batallón 2º de Línea, se hallaba en servicio en la Frontera Norte, paraje denominado Loma Negra, allí conocí al Mayor Cayetano Beliera, siendo Capitán en esa época de la Guardia Nacional que allí se hallaba en servicio, haciendo la Expedición al Desierto a las ordenes del General Mitre. Enero 24 de 1889 [fdo] Teniente Coronel Pedro Palavecino.


En su hogar de la calle Lorenzo López 554, a pocos metros de la iglesia donde recibiera el sacramento del bautismo, se apagó su vida el 10 de enero de 1895, siendo sepultado sus restos en el cementerio de la Ciudad del Pilar. Cinco días después su yerno, don Teodoro Casaux, recibía en su domicilio una esquela de condolencia del General don Bartolomé Mitre, cuya redacción dice:

Con gran sentimiento me he impuesto del sensible fallecimiento del benemérito Mayor Beliera, antiguo servidor de la patria, y hombre con grandes virtudes, a quien he estimado en lo mucho que el merecía; al asociarme al duelo general, hago presente mi más sentido pésame a su familia y al pueblo del Pilar que pierde a uno de sus más esclarecidos vecinos.


En el museo histórico del Pilar : Alcalde Lorenzo López se conservaba el uniforme completo, la foja de servicios, cuadros con fotografías del militar y su esposa, libros de armas y de estrategias militares para el combate, armas de puño, sables, espadas, pergaminos, despachos originales de sus nombramientos como capitán y sargento Mayor, a más de otros elementos, como la lanza que perteneciera al General y Gobernador de Entre Ríos y Santa Fe, don Juan Pascual Echagüe, la cual, curiosamente, pasara a manos de Cayetano Beliera luego de la batalla de Malabrigo.




La vara, construida con una larga tacuara, tiene sujeta la pica de acero y dos empuñaduras moldeadas en láminas de plata con sendos grabados que dicen: Pequeño testimonio de la fiel amistad de Pedro Guindon a S .E., el benemérito Brigadier D. Pascual Echagüe, valiente argentino defensor heroico de la patria y de la Santa causa federal Brigadier Pascual Echagüe, vencedor en Pago largo, Don Cristóbal, Sauce grande y Diamante, una joya del patrimonio pilarense muy codiciada por nuestros hermanos entrerrianos y santafesinos.

Al pie del mástil de la plaza principal del Pilar una placa lo recuerda, puesta por las autoridades municipales en el año 1979 con motivo del centenario de la Campaña al Desierto.

Esta placa fue desplazada de su sitio durante el gobierno del ex intendente Dr. Sergio Bivort y en su lugar se colocó otra de mayor dimensión en el mes de octubre de 2003, con el nombre bien visible de este funcionario y la del Secretario de Obras y Servicios Públicos D. Ernesto Tomás Camps. Su leyenda no recuerda ningún hito histórico y menos la de un prócer del partido, hace mención a las obras de remodelación de la plaza y destaca, entre otros trabajos realizados, la colocación de cestos para los residuos.




Si hacemos un repaso de los arreglos y modificaciones realizadas en casi 200 años que tiene de vida la plaza, desde el momento cuando se formó el pueblo actual del Pilar, no queremos imaginar ni pensar cuantas inauguraciones y bendiciones debieron haber sucedido, y ni contar las cientos de placas alusivas por cada uno de estos eventos tendrían que haberse colocado.

La tumba que guarda los restos del Mayor Cayetano Beliera fue declarada Monumento Histórico Municipal el 19 de septiembre de 1985, fecha en la cual el Concejo Deliberante del Pilar votara por unanimidad el proyecto presentado por el Concejal don José Sánchez, de la bancada del partido Justicialista, dando lugar a la sanción de la ordenanza Nº 90/85.



Un tramo de la ex ruta Nacional Nº 8 también lleva su nombre en el trayecto que va desde el Arroyo Pinazo hasta la Avenida Presidente Perón (acceso entrada a la localidad de Presidente Derqui), designación ésta pronunciada el 16 de octubre de 1986, de resultas de la ordenanza Nº 88/86 sancionada por el Honorable Concejo Deliberante del Pilar.


Su suelo natal, el hoy partido de Escobar, lo reivindicó como figura del Gaucho Argentino en una ordenanza promulgada por los ediles de ese municipio, luego de considerar el proyecto enviado por el Intendente don Fernando Argentino Valle, funcionario que firmó, en fecha 29 de noviembre de 1988, el decreto Nº 1419/88.


Es cierto aquello de que en la historia nunca está dicha la última palabra. El revisionismo de nuestro pasado demuestra en muchos de los casos el verdadero alcance de los hechos protagonizados por los hombres, por ello, como epílogo de esta aun incompleta semblanza, recurrimos al relato que el doctor don Angel Gallardo dejó escrito en su obra titulada Memorias para mis hijos y nietos.



En este libro, el doctor Gallardo, narra momentos vividos en su juventud con sus padres y su hermano José León. Al referirse a las excursiones realizadas con su familia en un viejo coche, en forma de galera, tirado por cuatro caballos, cuenta:


Uno de los paseos más interesantes fue el del Pilar, que repetimos varias veces, en distintas temporadas. Tomamos el ancho y viejo camino del Pilar y antes de llegar a un arroyo (creo que el de Pinazo) vimos a la izquierda la maciza silueta de la Iglesia del Pilar, con su aspecto vetusto y colonial, hoy modificado.


En un café sobre la plaza, donde entramos a descansar, encontramos a don Cayetano Beliera, viejo gaucho soldado, con quien trabamos relación. Lo invitamos a que fuera a visitarnos a la chacra y una mañana cayó en un caballito criollo, en el cual se había venido al galopito.


Como se aproximaba el mediodía, lo invitamos a almorzar y aceptó después de hacerse rogar durante un buen rato. Después del almuerzo se imponía que descansara a la hora de la siesta, y así se quedó después a comer y luego a dormir, instalándose en la chacra casi una semana, anunciando siempre que se iba a ir, pero quedándose, ya sin invitación alguna.


Era un paisano de barba blanca, conversador infatigable, con voz pausada y tranquila. Nos contó minuciosamente toda su vida desde que lo habían reclutado para el ejército de Rosas a los 14 años de edad. Había asistido a la muerte de Lavalle en Jujuy y aun creo que fue colaborador, pues entiendo que fue de los que tiraron contra la puerta, detrás de la cual estaba el desgraciado caudillo.


Y así tomó parte en todas nuestras guerras civiles, en la guerra del Paraguay y en las campañas contra los indios. Aunque había comenzado su carrera en el ejército federal, se había hecho después unitario y era mitrista. Había servido a las órdenes del General Gainza, con quien tuvo relación personal, así como con su familia y en sus relatos confundía el nombre de mamá con el de la señora de Gainza, diciendo: Y así verá doña Anita, digo doña Angelita.


Se había retirado con el grado de Sargento Mayor y recuerdo haberlo visto de uniforme, por última vez, en el regreso del General Mitre, que era su ídolo. Poco después murió a una edad avanzada. Tenía algunas ingenuidades graciosas, un día que fuimos a visitarlo al Pilar, nos decía: Querrá creer doña Anita, digo doña Angelita, que en esta maceta he plantado unas papas y han salido estas rosas. Eran unas peonías las que habían producido el milagro que tanto admiraba a don Cayetano.


Un acontecimiento muy notable fue la visita a la chacra del Gobernador Dardo Rocha con su comitiva, que recorría el trazado del proyectado ramal del F. C. del Oeste, de Haedo a Pilar. Comió y durmió en casa, la que se llenó de gente venida de todos los alrededores para agasajar al Gobernador, habían venido hasta del Pilar y entre ellos nuestro amigo Beliera.


Con su carácter y valor temerario recorrió sable y lanza en mano gran parte del territorio de nuestro país, combatiendo a la tiranía, persiguiendo el caudillaje y escarmentando a los salvajes. En cada campo de batalla, en cada campamento, dejó una anécdota de su bravura y de la sinceridad que lo distinguieron siempre.


SUS DESCENDIENTES


Cayetano Beliera, revistando en las milicias y estando en la Provincia de Córdoba, conoció a María Teresa Colman de cuya relación procrearon un hijo natural llamado Martiniano Beliera, el cual fue criado por sus tías paternas en la estancia que heredaran de sus padres, situada en tierras de la actual jurisdicción de Maschwitz, Partido de Escobar.


Martiniano Beliera nació en 1842 y fue bautizado en la Ciudad de Rosario. Casó el 21 de agosto de 1863 en la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, con Da. Damiana Leguisamo o Leguizamón, hija legítima de D. Miguel Gerónimo Leguisamo y de Da. Francisca de los Santos; nieta paterna de D. Manuel Tadeo Leguisamo y de Da. Marcela Barragán y nieta materna de D. Fernando de los Santos y de Da. Teresa Zárate.


Martiniano y Damiana fueron padres de tres hijos: I) Adán Martiniano, II) Damiana, sin descendencia, y


III) Fortunato Beliera, nacido el 1º de junio de 1865 en Pilar, quien mantuvo una unión natural con Beneda Castro, nacida el 2 de enero de 1884 en Chacabuco, Buenos Aires. De ellos conocemos cinco hijos:


1) Fortunato Severo Beliera, nacido el 8 de noviembre de 1901 en Lincoln, Buenos Aires, quien fue padre de dos hijos naturales llamados: A) Humberto Beliera quien se unió con Da. María Angélica Leal, nacida el 20 de agosto de 1932 en Venado Tuerto, Santa Fe, con sucesión en esta última localidad, y B) Sixto Beliera.


Fortunato Severo casó luego en Lincoln el 24 de junio de 1948 con Da. Donata Dionisia Potes, nacida el 13 de abril de 1926. De esta unión nacieron 10 hijos, nacidos y bautizados en Ameghino. Los nombramos: Rosa Isabel, Ernesto Fortunato, Olga Haydee, Raúl Felipe, José Luis, Jorge Aníbal, Carlos Daniel, Hugo Omar, Osvaldo Oscar y Alejandro Eduardo Beliera.


2) Antonia María Beliera, nacida el 13 de junio de 1909 en Blaquier, Buenos Aires. Casó en Hurlingham, Buenos Aires, con D. Emilio Udima, nacido el 9 de enero de 1903 en Polonia. Sin descendencia.


3) Pedro Domiciano Beliera, nacido el 1º de agosto de 1912 en Lincoln. Sin noticias.


4) Damiana Rosa Beliera, nacida el 14 de julio de 1905 en Lincoln. Tuvo una primera unión con D. Armando Esquilino y una segunda con D. Dante Angel Piombo, de las cuales nacieron hijos naturales que llevan el apellido Beliera, De ellos podemos mencionar a Irma Rosa, Juan Oscar, Enrique y Eduardo Juan Beliera, quienes dejaron una numerosa descendencia en los partidos de San Vicente y Lomas de Zamora.


5) Amelia Beliera, nacida el 8 de febrero de 1920 en Rufino, Santa Fe. Mantuvo una unión natural con D. Juan Hipólito Bermeyer y fueron padres de 6 hijos que conservaron el apellido Beliera. Los citamos: Pedro Walter, Roberto Juan, Hipólito Gregorio, Alicia Susana, Antonio Joaquín y Ramón Angel Beliera, con una prolongada descendencia en Rufino, provincia de Santa Fe y Buenos Aires.


Amelia Beliera, luego casó en Rufino el 21 de septiembre de 1959 con Ramón Ciriaco Castillo, naciendo una única hija llamada: Emilia Graciela Castillo, con descendencia.

Los bienes del Mayor D. Juan Cayetano Beliera y los de su esposa Da. María Melo, fueron heredados por su hija Da. Ciriaca Ernestina Beliera, quien el 28 de abril de 1888 había casado en Pilar con D. Francisco Teodoro Casaux, francés naturalizado, que fue secretario de la intendencia del Pilar durante 30 años, hijo de D. Lázaro Casaux y Da. Juana Magne, oriundos de Francia y vecinos del pueblo del Pilar.


Francisco Teodoro Casaux y Ciriaca Ernestina Beliera dejaron de existir en 1941 y de su matrimonio quedaron tres hijos llamados: A) Teodoro Cayetano Casaux, marido de María Rosa Moscato, sin descendencia. B) María Angélica Casaux, fallecida soltera en 1973, y C) Juana Hortensia Casaux, quien contrajo matrimonio con D. Miguel Enrique Eduardo de la Feld, padres de una sola hija llamada:


Hortensia Ernestina de la Feld, la cual hereda los bienes de sus padres y los de sus tíos maternos falleció soltera el 29 de abril de 1979 quedando su herencia vacante, pero no intervino autoridad alguna para asegurar los bienes, sustanciar el juicio y dar intervención del patrimonio que resultare del inventario al Consejo Escolar de la Provincia de Buenos Aires, de acuerdo a lo previsto en el Código Civil de la República Argentina. Nada de ello se hizo, las aves de rapiña que siempre están al acecho, con la complicidad de las autoridades se adueñaron de la cosa ajena.


D. Juan Cayetano Beliera y su esposa Da. María Melo eran dueños de varias propiedades; otras fueron adquiridas por su hija Da. Ciriaca Ernestina y su consorte D. Francisco Teodoro Casaux. De acuerdo a las sucesiones consultadas y a los informes suministrados por el Registro de la Propiedad, tenemos conocimiento de lo siguiente:


Nueve lotes ubicados en distintos lugares del Pilar, con frentes a las calles San Martín, Avenida Márquez, Fermín Gamboa, Maipú, etc.


Una fracción de tierra de 140 hectáreas en la zona de Los Lagartos, heredada de sus padres por María Melo, hoy en ese lugar existe un importante Country.


Una casa en la calle Guatemala 5059, entre Fray Justo Santa Maria de Oro y Darregueyra, en el barrio porteño de Palermo.


La vivienda, sita en Lorenzo López 554, de 22,25 metros de frente por 57 m., de fondo, como se puede apreciar en la vista fotográfica, después de la muerte de Hortensia Ernestina de la Feld estuvo desocupada y antes de ser demolida fue usada como Unidad Básica del Partido Justicialista. Curiosamente un tal Rodolfo Tomasi, domiciliado en Pedro Lagrave 410, era el destinatario de los impuestos, y un conocido rematador Tomás Pérez Bodria aparece como albacea testamentario, quizás ellos, si aún viven, puedan dar explicaciones sobre la usurpación cometida en estas propiedades con la connivencia de las autoridades municipales.

       

Años después se construyó un edificio y en 1988 se instaló una pista de hielo, siendo uno de los propietarios el Sr. Rodolfo Tomasi; más tarde se habilitó una bailanta y en la actualidad existe un templo religioso.



Pertenencias y documentos originales del Mayor Beliera fueron a parar a manos de vecinos "distinguidos" del Pilar. Así, por citar algunos ejemplos, una esquela enviada por el General Bartolomé Mitre estaba en poder del extinto Dr. Gregorio Ferrá, hoy de sus descendientes, y un manuscrito de varias carillas donde el militar cuenta su trayectoria lo posee el Sr. Mario Martínez, cuya procedencia es parte del saqueo cometido en la vivienda del militar. 


Lo más lamentable es la usurpación cometida en la bóveda de la familia Casaux-Beliera, ubicada en la sección P Nº 2, renovada en el año 1971 por 99 años, con vencimiento el 17 de noviembre de 2070, propiedad de Hortensia Ernestina Casaux, en cuyo interior luego fue depositado el féretro con su cuerpo junto al de sus hermanos Teodoro Cayetano y María Angélica. En el año 1984, siendo Director del Cementerio Municipal del Pilar el Sr. Raúl Corengia, pudimos comprobar en el libro de entrada de cuerpos, el cual se hallaba en la administración y había sido iniciado en 1981, que en la bóveda figuraban también los ataúdes de Lucía y Haydee Bonin y la urna de Adela Bonin.



Tomamos fotos del exterior de la cripta y al regresar pocos días después, notamos que la inscripción Casaux-Beliera en letras moldeadas de bronce había desaparecido, Poco después los restos de Hortensia Ernestina Casaux y los de su esposo fueron trasladados a una fosa común. Por supuesto hubo preguntas, pero todas sin respuestas. Un pilarense alegó, vía telefónica, haber heredado de su madre derechos posesorios de la bóveda (¿?). El Sr. Corengia guardó silencio y el libro que se hallaba en la administración desapareció o está guardado vaya a saber donde. La denuncia de estas anormalidades dirigida al ex intendente Sergio Bivort nunca fue contestada. La copia y su reitero hasta hace un tiempo atrás permanecía y se podía ver en la página de Internet http://www.pilar.com.ar/.




                                 
         





ENTREVISTA AÑO 1990 REALIZADA POR PILAR TELEVISORA COLOR SOBRE LA BIOGRAFIA DEL MAYOR DON JUAN CAYETANO BELIERA      


























































































































































































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