jueves, 28 de agosto de 2014


 CORONEL
JACINTO GONZALEZ 
 
 
 

Nació en Pilar el 17 de agosto de 1811, el censo de 1815 de ese partido lo registra con 3 años de edad, hijo legítimo de Santiago González (1780-1839) y de María Isidora Beliera (1781-1859); nieto paterno de Sebastián González e Irrazábal y de Catalina Velázquez o Velasco y López Viveros y nieto materno del francés Juan Beliera y de Basilia Antonia Olivares y Moreno.

Pasó su juventud en Pilar donde su padre, que estaba en buena posición económica, poseía Pulpería y varias propiedades, de ellas una estancia con frente al arroyo de Escobar. 

 

Se inició en el ejército como oficial de milicias alrededor de 1830, y prestó servicios defensivos en la zona de Rosario después de la guerra civil de 1839.

No se tienen otras noticias de sus primeros pasos por la carrera de las armas hasta el año 1851, en que mandaba un escuadrón de paisanos del Pilar que formaba parte de una de las divisiones rosistas de las tres armas que cubrían los pasos del Paraná, desde Santa Fe al Arroyo del Medio. En dicha división de 800 hombres, servía Jacinto González en la clase de capitán de milicias, y con motivo del pronunciamiento de Urquiza concibió el atrevido pensamiento de sublevar toda la división de la que formaba parte, dando el grito de libertad en las filas mismas de Rosas, incorporándose con sus soldados al Ejército Grande Aliado de la América del Sur tan pronto pisara la margen oriental del Paraná.

Descubierto en su intento, dice el general Bartolomé Mitre en el artículo necrológico que publicó en el Nº 366 de “La Nación” de mayo de 1882 con motivo de la muerte del coronel González, “no por la traición, sino por la mal disimulada impaciencia de sus camaradas, el plan hubo de fracasar, si la decisión y la presencia de ánimo del Jefe del movimiento no hubieran obrado con energía. En una noche las fuerzas del capitán González fueron rodeadas en su acantonamiento por fuerzas dobles de las tres armas de la división a la que pertenecían, intimándole al desarme. El, sin acobardarse, tuvo la inspiración del momento: mandó tomar los frenos en la mano izquierda y con el sable o la carabina en la derecha, dio el grito de “Muera Rosas”, “Viva la libertad”, y atropelló a la caballada, con cuyos caballerizos contaba. Poco más de trescientos hombres consiguieron montar a caballo y, rodeados como se hallaban, se abrieron paso con sus armas en medio de un terrible fuego de infantería y artillería que diezmaba sus filas quedando herido en ese combate el capitán González que, con una guerrilla de tiradores, cubría en persona la retaguardia; así peleando llegó la fuerza sublevada hasta la orilla del río Paraná, se lanzó a su corriente y se refugió en una isla inmediata desde donde su jefe avisó hallarse a las órdenes del general Urquiza, pronto a combatir contra Rosas.”

El 10 de diciembre de 1851, prosigue Mitre, “llegaron al Diamante 312 hombres entre oficiales y tropa, con el capitán Jacinto González a su cabeza, siendo recibidos en medio de vivas de sus nuevos compañeros de armas”; así consta en el Boletín Nº 1 del Ejército Grande que triunfó en Caseros.

 
 
 

El Coronel González, continúa el articulista, “fue ascendido al grado inmediato superior por esta heroica acción y en la batalla de Caseros peleó valerosamente al frente de sus soldados, mereciendo en tal ocasión, los despachos de Teniente Coronel.”

El pronunciamiento del entonces capitán González, único en su género en aquella época, dio la señal de la caída de Rosas, quebrando el terror en los ejércitos, desmoralizándolos y revelando que el sentimiento de libertad bullía latente en sus filas. Desde entonces el Coronel González perteneció a la causa de la libertad, a la cual fue siempre fiel y en cuyo credo ha muerto cargado de años de servicios y de redenciones.

Poco después de Caseros, el general Urquiza lo nombró jefe del Regimiento Nº 3 de Guardias Nacionales del Departamento Sud de la provincia de Buenos Aires ascendiéndolo al grado de coronel. Producida la revolución del 11 de septiembre de 1852, González hizo causa común con el gobierno porteño; el 15 de noviembre de ese  año se dispuso que el cuerpo que mandaba aquel cambiase de denominación, por haber dos con el mismo número ”pudiendo acordar dicho Coronel con el Comandante en jefe el destino que haya de tener”. El 19 del mismo mes y año, por decreto del Gobierno de la Provincia, recibieron la efectividad de coroneles: en el arma de caballería, Jacinto González, con antigüedad al 3 de febrero del mismo año; y en el arma de infantería el coronel José María Albariño, con anterioridad al 20 de mayo de 1840.

El coronel González perteneció al grupo de jefes que se reunieron el 24 de diciembre del mismo año de 1852 en la chacra de Olivera, partido de San José de Flores, declarando que en atención a los sucesos que habían dado lugar a los procedimientos atentatorios de la administración del Dr. Alsina contra la paz de la Provincia de Buenos Aires y armonía con las demás de la República, teniendo en vista “que habían sido completamente estériles los esfuerzos practicados hasta entonces para obtener del Gobierno de Buenos Aires garantías sólidas y efectivas que aseguren la paz y tranquilidad de la provincia, por resultado de las leyes dictadas por los representantes, de 9 y 18 del mismo mes, despojando sin justicia a los jefes y oficiales del Ejército de línea y milicias, de los derechos que garantían la paz, así como la seguridad de todos los ciudadanos de que fueron despojados por las citadas leyes, formarán un acuerdo de conformidad con los motivos expresados.”

 
Chacra de los Olivera - Parque Avellaneda, Buenos Aires
 
 

Esta acta la firmaron numerosos jefes y a ella se le agregaron tres artículos declarando que reconocían y obedecían por Comandante General del Ejército Federal al coronel Hilario Lagos, depositando en él su confianza, y autorizándole para que en paz o guerra contra la autoridad de Buenos Aires, procediese como mejor conviniera para asegurar las garantías de que carecían los ciudadanos de la provincia.

Restablecida la paz entre la Confederación y Buenos Aires, el coronel Jacinto González volvió al servicio de este último Estado, siendo nombrado en 1854, jefe del 8º Regimiento de Guardias Nacionales en Ramallo; incorporándose al ejército del general Manuel Hornos que derrotó al general Gerónimo Costa y demás compañeros de invasión, en los campos del Tala el 8 de noviembre de aquel año. En ese combate que configura el triunfo del Estado de Buenos Aires frente a la Confederación Argentina, sobre el parche de un tambor José Pipo Giribone escribió la famosa "Marcha del Tala."

 
 
 

De conformidad con el decreto del 8 de agosto de 1855, en su artículo 4º relativo a la organización del Regimiento 4º de Caballería “Húsares del Plata”, el coronel Jacinto González nombrado jefe del mismo, revistará en la Plana Mayor del mismo en el punto que se halle, tanto él como los individuos que pertenezcan a la misma”, según reza el texto del mencionado decreto. Dicho Regimiento fue formado en Navarro, y con motivo de su organización, se disponía en el documento de referencia, que el jefe del mismo hiciese las propuestas para llenar las vacantes de oficiales.

El 17 de octubre de 1856, el general  Manuel de Escalada, “Comandante en Jefe del Ejército de la Frontera del Sud”, desde su cuartel general situado en Azul, dirigía la siguiente nota al Oficial Mayor del Ministerio de Guerra y Marina encargado de su Despacho, coronel Alejandro Romero.

“Sírvase V. S. poner en conocimiento de S. E. el Señor Gobernador del Estado, que esta fecha marcha a la Capital, el Sr. Coronel Jacinto González a curarse de sus graves enfermedades que adolece, por ser imposible alcanzar aquí su restablecimiento, por el inconveniente de la temperatura y falta de otros medios adecuados”.

“Este distinguido Jefe se ha hecho acreedor, por sus servicios y virtudes, al respeto y estimación del general en jefe y de sus compañeros de armas, que me coloca en el grato deber de recomendarlo a la consideración del Gobierno. Va acompañado del sargento mayor Apolinario Arias, jefe también de mérito recomendable, y del capitán Manuel Fulques. Dios guarde a V. S. muchos años, Manuel de Escalada.”     

El 25 de septiembre pasó a revistar en la Plana Mayor Inactiva y el 28 de diciembre de 1858 fue nombrado 2º jefe de la Frontera del Centro de la Provincia.

Cuando el coronel Ignacio Rivas marchó a Rojas, para reunirse al ejército que organizaba el general Mitre para abrir la campaña que terminó con la batalla de Cepeda, el puesto “Cruz de Guerra” que aquel cubría con sus fuerzas, fue sitiado por los indios ranqueles; marchando en protección de los defensores del mismo, los coroneles Laureano Díaz y Jacinto González, logrando este último asestar un buen golpe a los salvajes.

 
 

Comandaba el Regimiento 6º de Guardias Nacionales de Campaña y ejercía la comandancia del punto avanzado “25 de Mayo”, cuando el 3 de marzo de 1861 obtuvo una licencia, la que le fue otorgada por dos meses el día 26, pasando el 31 de marzo a la Plana Mayor Disponible, siendo reemplazado en el comando de su regimiento por el teniente coronel Juan A. Noguera.

El 20 de diciembre del mismo año fue nombrado comandante militar del “25 de Mayo”, encargado de la organización del Regimiento 6º de Guardias Nacionales de Campaña y del 5º de Línea, cargo que ejerció hasta el 13 de noviembre de 1863 en que pasó a la Plana Mayor Inactiva a contar del primero del mes siguiente.  

Por haberse enfermado el coronel Nicolás Granada, comandante en jefe de la Frontera del Oeste, se dispuso el 20 de mayo de 1865 que el Coronel González se hiciese cargo de aquel puesto.

El gobernador Emilio Castro solicitó el 9 de noviembre de 1868 al Ministro de Guerra y Marina, coronel Martín de Gainza, los servicios del coronel González para darle el mando de un regimiento de Guardias Nacionales de la Provincia, siendo autorizado el día 13 del mismo mes el pase pedido.

Radicado en el “25 de Mayo”, el coronel González, al tener conocimiento del movimiento que estalló el 24 de septiembre de 1874, se plegó a él espontáneamente conjuntamente con los vecinos de aquel lugar: Liborio Luna, Lucas Lubo, Juan Ramón Barrales, Francisco Martín y Mariano Rondeau, jefes estos de la tribu de indios allí establecida. El coronel González encabezó a los revolucionarios de su pueblo, teniendo como segundo jefe a D. Liborio Luna; y después de reñida lucha, lograron vencer a los partidarios de Alsina y apoderarse del “25 de Mayo”.

Al lado de su gran amigo, el general Bartolomé Mitre, se batió en “La Verde”, el 26 de noviembre de aquel año, siendo tomado prisionero el coronel González, el cual, al ver que toda resistencia era inútil, antes de entregarse, partió su espada de empuñadura de oro, que el Gobierno le había obsequiado por sus meritorios servicios, en dos pedazos, y los arrojó al agua. Desde allí fue trasladado al Cabildo de la villa de Luján, donde permaneció tres meses prisionero, al cabo de los cuales se le puso en libertad, de acuerdo a las condenas impuestas por el Consejo de Guerra que juzgo a los jefes de aquel movimiento.

 
 

Por su participación en dichos sucesos fue dado de baja del escalafón militar el 11 de octubre de 1874. El 5 de junio de 1877 fue reincorporado al Ejército, y el día 25 del mismo mes desde “25 de Mayo”, agradeció aquella disposición, expresando en una nota dirigida al Inspector de Armas coronel Luis María Campos: “debo manifestar a V. S. para que se sirva hacerlo así presente al Superior Gobierno, que no permitiéndome el estado de mi salud contraerme, por ahora, a ningún servicio, no me es posible aceptar puesto militar cuyos deberes no me hallo en aptitud de desempeñar como siempre lo he hecho”. La reincorporación del coronel González había sido acordada por el H. Senado en sesión del 19 de mayo de aquel año. El 23 de enero de 1878 fue pasado a revistar en la Plana Mayor Disponible “con residencia en 25 de Mayo.

Fue dado de baja el 9 de junio de 1880, por no haberse presentado en Belgrano al Gobierno Nacional de acuerdo al decreto respectivo. Como el coronel González estaba oficialmente autorizado para residir en el pueblo de 25 de Mayo, desde este punto pasó el 13 de enero de 1881 una nota pidiendo la derogación del decreto de su baja, fundado en no haber recibido las órdenes del Gobierno en aquellos días, por haber estado interrumpidas las comunicaciones entre la Capital y el lugar de su residencia, y no “haber tampoco periódicos ni noticias de alguna clase”. En atención a estas razones, el Ministro de Guerra y Marina, general Benjamín Victorica, decretó su reincorporación en la Plana Mayor Disponible el 24 de agosto de 1881.

 
 

El coronel Jacinto González había casado el 19 de enero de 1860 en el pueblo de 25 de Mayo con Da. Eufemia del Carmen Viera, nacida en Navarro el 3 de septiembre de 1845, hija legítima de D. Anastasio Viera y Acosta, natural de Uruguay, y de Da. Juana Villarreal y Figueroa, natural del país.

Fueron padres de Ubalda Peregrina González, nacida en 1861, quien casó en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1890 con D. Juan Sánchez, nacido en 1838, español, viudo e hijo legítimo de D. Antonio Sánchez y de Da. Ana Remeseiro.

Otros hijos naturales del coronel González habidos antes de su matrimonio fueron, Macedonio González y Villa, nacido el 13 de marzo de 1854 en Lobos, Juan de Dios González, con descendencia en 25 de Mayo, y Juana Francisca González. Esta última casó con Juan M. Dubarry, francés, nacido en 1839, de profesión escribano, quienes se radicaron en Mercedes, Buenos Aires, donde dejaron descendencia.

Las propiedades del coronel González, en el partido de 25 de Mayo, consistían en una estancia de 5 leguas con poblaciones, útiles, hacienda lanar, yeguariza y vacuna; otro campo lindero, una casa situada en la calle Real del pueblo, una jardinera, una galera destinada al servicio de pasajeros desde 25 de Mayo a Chivilcoy, amén de otros bienes reclamados y heredados por su viuda e hijos que surgen del inventario practicado luego de su muerte.

 
 

El Coronel Jacinto González falleció en la ciudad de 25 de Mayo, el 25 de noviembre de 1882 a la edad de 72 años. En el lugar de su residencia y al decir del talentoso periodista, ya fallecido, don Moisés Curiel, autor de la “Guía Histórica de 25 de Mayo”, y refiriéndose a la revolución de 1874, cuyo jefe fue allí, como hemos visto, el coronel González, era considerado como “persona sumamente querida y respetada por sus bellas cualidades de carácter y su intachable honorabilidad”. A su sepelio concurrió gran número de pobladores de los puntos vecinos, a los que se agregaron más de 200 indios con su cacique al frente, pertenecientes a la tribu de Rondeau, la que había prestado numerosos servicios en la guerra contra las hordas de Juan Calfucurá y Catriel. También asistieron, por supuesto, las autoridades del pueblo, sociedades extranjeras en corporación y el cuerpo de la Guardia Nacional de 25 de Mayo, vestido de gala, el que le tributó los honores correspondientes a su graduación.   

 
 
FUENTES:
Archivo General del Ejército - Legajo personal  Nº 5596 Coronel Jacinto González.
Archivo General de la Nación - Tomas de Razón.
Censo Pilar año 1815 - 1º Censo Nacional (1869), 2º Censo Nacional (1895).  
Constancias parroquiales - N. S. del Pilar (Pilar BA), N. S. del Carmen (Lobos), San Lorenzo Mártir (Navarro), N. S. del Rosario (25 de Mayo), N. S. de Balvanera (CABA).
Departamento de Investigación Histórica y Cartográfica – Dirección de Geodesia, Legajo de Mensura Nº 149 - 25 de Mayo - Año 1883, Jacinto González, sus herederos.
Diarios: La Nación (22 mayo 1882), La Prensa (29-11-1882).
Tribunales Provincia de Buenos Aires (L.P). Legajo 68/1882 y 68/1928, González Jacinto, s/suc.
Yaben Jacinto R., Biografías Argentinas y Sudamericanas (Bs. As., 1938).
 
 

lunes, 5 de diciembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

EL ALCALDE DE HERMANDAD DEL PARTIDO DEL PILAR DON LORENZO LOPEZ CAMELO - PARTE I

PALABRAS PRELIMINARES

Cuando concurrimos a la parroquia Nuestra Señora del Pilar, visitamos algún ser querido en el cementerio, paseamos por la plaza 12 de Octubre, realizamos trámites bancarios, compras, u otros motivos que nos impone el quehacer diario, no podemos evitar transitar o cruzar la calle Lorenzo López de nuestra céntrica ciudad y, quizás, en algún momento nos habremos preguntado, ¿a quién y porqué? responde ese nombre.

Varios han sido los méritos de este personaje para tal logro y de ello hablaremos más adelante. En principio veremos como el desconocimiento de su verdadera identidad hizo que en el Pilar se lo confundiera con un pariente homónimo.

Han pasado muchos años desde aquel sábado 12 de septiembre de 1992, fecha en la cual se celebraron las "Segundas Jornadas de Historia del Partido del Pilar", evento tan esperado para dar a conocer, entre otros trabajos, el resultado de una investigación histórica y genealógica que llevó por título "El Alcalde de Hermandad del Partido del Pilar y después Capitán del Ejército Don Lorenzo López Camelo y sus homónimos".


Al igual que el resto de las ponencias presentadas ese día por otros historiadores, cinco meses después nacía un nuevo libro en una imprenta del barrio porteño de Boedo. El ejemplar, cuya portada reproducimos, fue presentado el sábado 6 de marzo de 1993 a las 20:00 horas en el Palacio Municipal por el Director de Cultura don José Sánchez, con la asistencia del intendente don Jorge Telmo Pérez y la presencia de autoridades municipales, auspiciantes, historiadores y público en general.

Hoy este medio permite reiterar ese resumen, al cual le hemos agregado nuevos datos para enriquecer aún más la biografía de quien es considerado uno de los máximos exponentes de la historia del Partido del Pilar.

PUBLICACIONES EN DISCORDIA

La recopilación de datos históricos y genealógicos en esta reseña tiene por objeto aclarar la verdadera identidad de Lorenzo López Camelo, héroe de la Reconquista, hacendado, funcionario y comerciante, debido a las distintas opiniones vertidas por otros historiadores respecto a su persona. No se trata de enjuiciar el criterio de estos investigadores, sino de demostrar que al prócer se lo ha confundido con otros homónimos.

En realidad no son todos quienes se equivocan, hay excepciones; Udaondo (1), Piccirilli, Romay y Gianello (2), están en lo cierto. De las versiones más modernas, la explicación brindada por Madero (3) es perfecta, pero sus argumentos no fueron interpretados y distinto parecer fue el de sus continuadores.

Lamentablemente las afirmaciones de estos últimos, hicieron que en el Pilar se tenga una versión errónea sobre el verdadero Lorenzo López y se lo ha relacionado con parientes de igual nombre, pasando a ser su figura ignorada y olvidada con el transcurso del tiempo. Ni hablar de las consecuencias negativas producidas en la faz educacional y cultural del partido, como también la de los funcionarios y docentes, en conmemorar el aniversario del nacimiento y del fallecimiento del prócer en fechas que no corresponden.

El desconocimiento es tan evidente que en el año 1987, el ex concejal del Pilar José Sánchez en base a esta información errónea, presenta un proyecto el cual es aprobado por unanimidad por el resto de los ediles. En el considerando de la futura ordenanza reconocen al verdadero Lorenzo López como "hijo del pueblo" y en la resolución convocan a una sesión para el "26 de octubre" de ese año, destinada a realizar un homenaje por el aniversario de la muerte del prócer, cuando en realidad el mismo había fallecido un 23 de julio.

De este ciudadano ilustre se ha dicho: “nació en el mes de octubre de 1771 y fue bautizado el día 21 de abril del año siguiente en la capilla de Nuestra Señora del Pilar, siendo hijo de Ventura López Camelo y de Cayetana Ramírez".

“Casó con Walda Rodríguez de cuyo matrimonio nacieron catorce hijos, siendo el menor de ellos Lorenzo, el cual paso a la historia por la actuación que le cupo el 3 de febrero de 1852 en la batalla de Caseros, donde al ser vencido Rosas, éste le encomienda que con su caballo Victoria lleve y entregue en San Benito de Palermo a su hija Manuelita, la gorra, el poncho y el sable, llegando a este lugar en horas de la tarde, portando, además, la renuncia de Rosas a la Legislatura".

Asimismo estos autores exponen: "Lorenzo López vivió en el pueblo del Pilar hasta el día 26 de octubre de 1853, fecha en que fallece y su cuerpo es sepultado en el cementerio de la iglesia del Pilar el 28 del mismo mes" (4).

Estas aseveraciones no se ajustan a la realidad, corresponden a un personaje que no es el auténtico protagonista y al mismo tiempo le adjudican la identidad de otros homónimos, causando con ello más confusión. Pero no tendría sentido reprobar lo afirmado si no explicamos y aclaramos cuales son los errores que observamos en el texto encomillado de párrafos anteriores.

1ro.- El Lorenzo López bautizado el 21 de abril de 1772, cuando tenía 7 meses de edad y cuya constancia se encuentra registrada en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, como bien se ha dicho, fue hijo de don Ventura José López Camelo y de doña Cayetana Ramírez de Velasco. (5) Este Lorenzo casó en tres oportunidades; su primer matrimonio fue con Felipa Piñeiro, el segundo con Manuela Gómez y el tercero con Antonina Márquez (6); procreando con las tres esposas nombradas un total de dieciséis hijos, de los cuales ninguno llevó su nombre (7). Además, este Lorenzo López, no tuvo participación alguna conocida en lo civil, militar o política; su actividad se limitó a tareas rurales en la chacra de su propiedad, permaneciendo toda su existencia en el Pilar, donde lo sorprendió la muerte el 9 de febrero de 1828, siendo sepultado al día siguiente en el camposanto de la parroquia (8).

2do.- Lorenzo Justiniano López Camelo, sobrino carnal del nombrado anteriormente, fue bautizado el 7 de septiembre de 1798, a los dos días de nacido (9) como hijo de don Florencio Antonio López Camelo y de doña María Gregoria Hernández; desposó a María Ubalda (no Walda como se dijo) Rodríguez (10)  y Falleció el 26 de octubre de 1853, siendo enterrado dos días después en el cementerio de la iglesia (11). Cabe agregar que uno de los hijos de esta unión conyugal, llevó por nombres Fabio Lorenzo, nacido el 11 de mayo de 1841 y bautizado el 7 de junio del mismo año (12), el cual al igual que su padre, por las edades, debemos descartarlos de su presencia en las acciones de Perdriel y Caseros.

3ro.- En cuanto al Lorenzo López, asistente de confianza de don Juan Manuel de Rosas, quien después de la batalla de Caseros intercambiara sus prendas con las del Restaurador para que éste no fuera reconocido, era natural de la localidad bonaerense de San Miguel del Monte, e hijo de Gregorio López y de Gabina Galván. Su padre, Gregorio, tenía un hermano llamado también Lorenzo López y eran pardos libres provenientes de la provincia de Córdoba (13). En el pueblo de Monte esta familia llegó a poseer un terreno de media legua cuadrada que comprendía parte del ejido, luego permutado por otro en la costa del río Salado con el coronel Vicente González, apodado "El Carancho de Monte", compadre de Rosas (14). Este último, es bien sabido, fue propietario de campos y estancias en ese punto de la campaña.

Hechas estas aclaraciones y comprendiendo las dificultades que existen para desarraigar el error cuando éste ha pasado a la categoría de dogma, expondremos a continuación los aspectos más salientes de la vida y trayectoria del alcalde y capitán don Lorenzo López Camelo, entre otros atributos. Así también, en forma separada, hemos confeccionado la genealogía de los tres personajes que llevan el mismo nombre y apellido, para demostrar su ascendencia y determinar quién es quién en la cuestión.

BIOGRAFIA DEL AUTENTICO Y VERDADERO ALCALDE LORENZO LOPEZ CAMELO
                                                                                                                               
Nació en Buenos Aires el 17 de agosto de 1770, fecha inolvidable para los argentinos, pues ochenta años después fallecería el Padre de la Patria general don José de San Martín. El día 23 de agosto de ese año, Lorenzo fue bautizado en la iglesia porteña de Nuestra Señora de Montserrat por el presbítero don Baltasar Arias, actuando como padrinos don José Prado y doña Joaquina Ojeda (15) , siendo confirmado un año después, el 25 de julio de 1771, por el Ilustrísimo Obispo de Buenos Aires don Manuel Antonio de la Torre (16).  

Copia de la partida de bautismo de Lorenzo López Illescas
Fue hijo legítimo de don Juan de Santa Rosa López Camelo y de doña Joaquina Eufemia Illescas. Lorenzo fue el menor de los seis hijos de ese matrimonio, todos los cuales al morir sus padres, en 1773 y 1774 (17) quedaron huérfanos de corta edad, y fueron criados por sus parientes don Miguel García de Tagle y su esposa doña Cayetana Josefa San Román e Illescas (18), progenitores éstos de los Doctores don Gregorio Antonio García de Tagle (abogado-político) y de don Luis Antonio García de Tagle, Cura Vicario de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar desde 1784 hasta 1805.


Es probable que luego de haber estudiado sus primeras letras en la ciudad y siendo ya adolescente se radicara en el Pilar, atraído por su primo el cura Tagle. Allí Lorenzo López se fue vinculando con las familias más destacadas del lugar y zonas aledañas, iniciándose en las actividades rurales y comenzando a consolidar una posición económica con los negocios de tierras y ganados.


Hacía 1793 contrae su primer matrimonio con doña María Lucía de la Madrid (19), hija legítima de don Manuel de la Madrid y de doña María Teresa Morales, vecinos del reducido poblado formado alrededor de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar (20).  De este connubio nace una hija llamada María Luisa, la cual es bautizada a la edad de un año (21).

El 1º de enero de 1794 donó a Su Majestad, el Rey de España un real como contribución a los gastos de la guerra contra Francia (22) y el 8 de octubre de 1797 es uno de los firmantes de un  petitorio elevado al virrey, donde los vecinos moradores del partido del Pilar solicitaban el traslado de la parroquia y el pueblo desde su anterior asentamiento al actual (23).

Imagen izquierda. Lorenzo López, acrílico sobre madera.
Germán Isla, julio 2005.                                              

María Lucía de la Madrid fallece el 12 de marzo de 1803 (24) y Lorenzo López contrae segundas nupcias el 18 de diciembre de ese año (25), en la parroquia del Pilar, con su prima tercera doña María Antonia López Camelo y Ramírez de Velasco, hermana de su homónimo, del cual resultó ahora su cuñado, aportando a su nuevo matrimonio la suma de dos mil pesos en una pulpería (26).

Su condición de hacendado hace que participe activamente con parientes y lugareños de viejo arraigo en la zona en defensa de los intereses ganaderos, logrando alcanzar cierta injerencia y reputación en el cuerpo comunal del Cabildo de la villa de Luján, el cual, en fecha 16 de enero de 1806, lo designa "Alcalde de la Santa Hermandad del Partido del Pilar", cargo equivalente al actual de intendente (27).                                           
                                                    
  Nombramiento de Lorenzo López como Alcalde de la Santa Hermandad del Partido del Pilar
                                 
En el desempeño de sus funciones trabó relación con don Juan Martín de Pueyrredón cuando éste acudió a Luján a reclutar voluntarios para intentar la recuperación de la ciudad, en esos momentos dominada por los británicos. Sus cualidades personales y de mando hicieron que Pueyrredón lo convirtiera en uno de sus principales colaboradores.

Es así que, en ese año de 1806, transcurridas las primeras invasiones inglesas demostró su patriotismo, figurando entre los pocos ciudadanos que organizaron la resistencia contra los usurpadores. En esa ocasión pasó a la Banda Oriental para alistar tropas con la cuales desembarcó en el puerto de Las Conchas (hoy Tigre). Fue uno de los héroes de la batalla de Perdriel el 1º de agosto de 1806, salvando en esa contienda la vida de Pueyrredón {28). El resultado desfavorable y los sucesos acaecidos en ese combate están reflejados ampliamente en las páginas de nuestra historia.

Por el parte del resultado de la acción, elaborado por el mismo Pueyrredón, nos enteramos de que en pleno fragor de la lucha una bala de cañón destroza su caballo, cayendo al piso y quedando a merced de los ingleses que lo rodean amenazantes. Cuando éstos creen ya cierta su presa, Lorenzo López atropella cuanto encuentra a su paso llegando hasta su jefe, quien de un ágil salto se sienta en la grupa y parten al galope para asombro de sus adversarios (29).

Sobre este acto de arrojo que constituyó un rasgo de abnegación y heroísmo en la vida de nuestro prohombre, son varias las versiones acerca de quien fue realmente el valiente jinete que rescató a Pueyrredón en la emergencia. El historiador Hialmar Gammalson, que se ocupó del tema, relato el momento crucial de la batalla de esta forma:

"Pueyrredón con sólo cuarenta y cinco voluntarios de caballería se corrió por el flanco derecho para copar la retaguardia y silenciar los cañones, penetrando profundamente hasta donde se hallaba la reserva y los jefes ingleses, abatiendo personalmente a un artillero […] En el entrevero consiguiente, a Don Juan Martín le mataron el caballo con una bala rasa de cañón, quedando de pie y rodeado por la oficialidad británica. […] En tal instante Lorenzo López, perteneciente a una acaudalada familia de estancieros del Pilar, o su sobrino Bernabé Márquez, o acaso Francisco de Horma, pues no hay certeza en el nombre, advertido de lo que sucedía, atropelló al galope el ruedo de soldados y oficiales enemigos, logrando romperlo y llegar a donde estaba su jefe. Pueyrredón de un salto montó en ancas y ante el asombro de los ingleses, que no atinaron ni a tirotearlos, dado lo instantáneo de la acción, desaparecieron tras la loma…". (30).


El Alcalde del Pilar don Lorenzo López salva la vida del General don Juan Martín de Pueyrredón en el combate de Perdriel en 1806. Oleo sobre tela. J. Villar Matthis. Sala Invasiones Inglesas 1ra. y 2da. Museo del Cabildo de Luján.)

Resulta por demás llamativa la incorporación de Bernabé Márquez en el suceso, al cual Pueyrredón no menciona, e inobjetable la participación de Lorenzo López en el hecho. Para que no queden dudas, nada mejor que remitirnos al texto de la certificación de los servicios prestados por Pueyrredón, expedido por el Cabildo en su Sala Capitular de Buenos Aires, el 25 de octubre de 1806:

"El Cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, certifica que don Juan Martín de Pueyrredón, natural de esta ciudad, después de tomada la plaza por las armas británicas el día 27 de junio último, no dispensó gasto, fatiga, ni trabajo para preparar y disponer por su parte la reconquista: emprendió viaje a Montevideo, de donde regresó habiendo antes acordado con el señor gobernador de aquella plaza la reunión de gentes que debería haber en ésta para incorporarse con la que se allí viniese. Recorrió por sí estas campañas, convocó las milicias, junto voluntarios que lo siguieron pagando a aquellas de su peculio soldada diaria de cuatro reales, y pasando a estos ración abundante de todo lo necesario; con el auxilio de dos compañeros que se le agregaron a este fin. Llegado con la gente al caserío de Perdriel, distante cuatro o cinco leguas de esta ciudad, la noche del 31 de julio, sin haber tenido tiempo para coordinar la defensa de aquel puerto, fueron atacados a la mañana siguiente por un trozo de seiscientos setenta ingleses, con un famoso tren de artillería volante, y después de haber sostenido el fuego por espacio de una hora, se arrojó este valeroso patriota con unos pocos que le siguieron sobre el enemigo, logrando matarle algunos artilleros y quitarle un carro cubierto de municiones, que salvó por entre los fuegos de fusil y con inminente riesgo de su vida, la cual hubiere perdido sin duda por haberle muerto el caballo, si la generosa valentía de don Lorenzo López no lo hubiese libertado alzándolo a las ancas del suyo...". (31).

La actuación militar de Lorenzo López y otros voluntarios en las múltiples acciones por la reconquista de Buenos Aires fue destacada también en su momento por el Cabildo porteño cuando al hacer referencia a este tema dejó constancia:

"Hizo presente don Juan Martín de Pueyrredón la lista de los individuos que lo acompañaron a reclutar gentes por la campaña para la reconquista, que se hallaron en la acción de Perdriel, emprendieron viajes a la otra banda y concurrieron al acto de la reconquista el día doce de agosto y son los siguientes: don Manuel Andrés de Pinedo y Arroyo, don Diego Herrera, don Martín Rodríguez, don Miguel Mejía Mármol, don Francisco Trelles, don Francisco Mariano de Horma, don Mariano Renovales, don Cornelio Zelaya, don Mariano Pizarro, don Lucas Obes, don Antonio José del Tejo, don Martín Rivero, don Pedro Mauricio Muñoz, don José de Oyuela, don José Albandea, don Juan de la Cruz Brizuela, don José Pueyrredón, don Juan Andrés Pueyrredón, don Juan Pablo Rodríguez, don José Bernaldes, don Manuel Antonio Bas, don Diego Alvarez Baragaña, muerto en la acción del doce de agosto, don Diego Belgrano; ídem, don Francisco Cabral; ídem, y don Lorenzo López, cuyos individuos habiéndose sostenido a su costa en todos los relacionados servicios, no han querido en obsequio a la Patria recibir gratificación alguna. Y los S.S. con esta consideración y advirtiendo ser la necesidad se haga alguna demostración de gratitud con tan buenos Patricios y fieles vasallos, que no indicando interés les manifieste el reconocimiento en que le está la Patria, por su heroicidad y patriotismo, y los estimule al propio tiempo a no decaer de tan plausibles ideas; acordaron se graben unas medallas de poco valor con las armas de la ciudad y se les entreguen por distintivo de sus heroicas acciones, precediendo para todo el permiso del Excelentísimo Señor Virrey, a quien deberá ocurrirse por oficio para impetrarlo; con reserva de lo que corresponda en orden a los que murieron. Con lo que se concluyó este acuerdo que firmaron dichos SS. De que doy fe. Francisco Lezica, Anselmo Sáenz Valiente, Manuel Mansilla, José Santos Incháurregui, Jerónimo Merino, Francisco Antonio Herrero, Manuel José de Ocampo, Francisco Belgrano, Martín Gregorio Yáñiz, Licenciado don Justo José Núñez - Escribano público y de Cabildo". (32).


Esta condecoración conocida con el nombre de "Escudo de Perdriel", les fue entregada en una ceremonia especial realizada en la sede del Cabildo el 23 de diciembre de 1806. Un cronista de aquella época que estuvo presente en el acto registro en su diario:

"Por la tarde hubo en el Cabildo repartimiento de medallas de oro con el gravamen de las armas de esta M. N [Muy Noble] y M. L. [Muy Leal] ciudad de Buenos Aires, con la inscripción del día de la reconquista. Se han repartido a los sujetos que se han singularizado en ella y la llevan en el brazo izquierdo. Parece que a recaído en ello toda la felicidad del nombre del buen guerrero y aplaudido principalmente de la ciudad de Buenos Aires". (33).

Escudo por la acción de Perdriel. De oro con las armas de la ciudad de Buenos Aires en relieve y lema: V.o T.s R. C.o q.s Td.s de B.s A.s = (Voluntarios Reconquistadores de Buenos Aires). 12 de agosto de 1806. Figura oblonga; peso: media onza. A usarse en el brazo izquierdo; surmontado de una cinta en la que está grabado a mano el lema. Ha servicio de modelo el grabado en la empuñadura de los cabildantes o mas probablemente este al de aquel. Las naves son vasos y el ancla y paloma del Espíritu Santo son iguales. Se acuñaron al parecer 25 de plata y 5 de oro.

(Ref.: Reseña Histórica y Orgánica del Ejército Argentino, Círculo Militar, Buenos Aires, 1972, Tomo III, p. 229) y Boletín del Instituto Bonaerense de Numismatica y Antiguedades, Nº 8, pp. 29/38, Bs. As. 1960.

El 9 de septiembre de 1806, el Cabildo de Buenos Aires lo designó "Administrador del Abasto Público de Ganados del Corral de Santo Domingo", por renuncia de Luciano Gaete. Este matadero funcionaba al sur de la ciudad en terrenos pertenecientes a la orden del convento de Santo Domingo, el interés y la honradez puesta de manifiesto por don Lorenzo López en su gestión, hizo que en el término de un año se duplicaran las ganancias que el establecimiento dejaba al fisco. (34).

Por tal motivo solicita un incremento en sus magros treinta pesos de sueldo, pedido que fundamenta en un extenso memorial y la forma en que administró los fondos provenientes del faenamiento de ganado. Atendiendo a su pedido el Síndico Procurador General resolvió favorablemente la elevación a cincuenta pesos, expresando entre otras consideraciones: "la pureza con que se ha manejado el administrador don Lorenzo López, desde que se hizo cargo de la comisión, esta bien patente del considerable aumento que ha recibido los propios en el ramo de su administración. El síndico está persuadido que desde el establecimiento de este ramo jamás rindió iguales productos con muy notable diferencia y aún está en el entender que ninguno de los otros corrales lo han rendido".

En idéntica forma se expidió el cabildo de Buenos Aires, quien en los fundamentos de su resolución dejó constancia que la elevación del sueldo se efectuó…:"en atención al considerable aumento que ha proporcionado a este ramo su buena Administración y no poder atender a sus obligaciones probadas con la asignación que tenía hasta aquí…" (35).

Si esta era la opinión de las autoridades de la capital virreinal, no pensaban lo mismo los abastecedores de carne que vieron cercenadas sus posibilidades de sobornar al inquebrantable don Lorenzo López. Así los vemos solicitar al cabildo la separación del nuevo administrador tratando de demostrar un comportamiento por parte de aquel, que más que afectarlo lo honra, toda vez que entre los cargos formulados se hizo referencia a que: "se maneja en el desempeño de su administración figurándose entre tener sobre nosotros un ascendiente, por lo cual nos hayamos de ver obligados a tributarle toda sumisión y acatamiento…". Y agregan: “en las ocasiones que necesitamos su intervención y despacho para el ejercicio manifiesta genio adusto, acre y tan majestuoso que aún no lo tendremos a uso con nuestros esclavos…" (36).

Como vemos la honradez de López no era del agrado de los hasta entonces aprovechados traficantes.

Con fecha 20 de junio de 1807, temiendo una nueva invasión inglesa a Buenos Aires, ofreció al Cabildo un plan para la evacuación del ganado fuera del alcance del enemigo y a un punto desde donde se aseguraría el abastecimiento del ejército y de la ciudad. (37).

Su identificación con la causa criolla en los sucesos que culminaron el 25 de mayo de 1810, se desprende de la lectura de un cronista y actor de estos episodios, cuando al mencionar las diversas reuniones secretas en las que se complotaba contra las autoridades virreinales, dejó escrito: "Asistí a otra, a cuatro millas de la ciudad que solía durar dos y tres días y que era la más libre contra la autoridad, donde se reunían el coronel don Celestino Vidal, coronel mayor don Manuel Pintos, coronel don José Millán, general don Enrique Martínez, presbítero don Ignacio Grela, coronel don Vicente Dupuy, coronel don Ambrosio de Pinedo, general don Domingo French, capitán don Diego Saavedra, capitán don José Cipriano Pueyrredón y don Lorenzo López" (38).

Como bien dice el autor de la nota, esta reunión fue la que más firmemente apoyó la idea de la independencia y el nucleamiento de los partidarios de Pueyrredón.

El 18 de junio de 1810, el primer gobierno patrio lo propuso para desempeñarse como jefe de la cuarta compañía del segundo batallón del regimiento "La Estrella", que comandaba el general don Domingo French. La intención no llegó a concretarse por no haberse integrado el mencionado escuadrón. (39).

La Gaceta de Buenos Aires, en su edición del jueves 26 de julio de ese año, publica en sus páginas las contribuciones recibidas para solventar la expedición de unión de las provincias del interior, donando Lorenzo López en la oportunidad, una onza de oro.(40).

Atendiendo sus méritos y servicios, el 14 de septiembre de 1810, la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, le confiere el cargo militar de "Capitán del Ejército". Firman el despacho del nombramiento, el coronel don Cornelio de Saavedra, presbítero doctor don Manuel Alberti, don Domingo Matheu, don Juan Larrea y el doctor don Mariano Moreno. (41).

                                                                Despacho de Capitán

En 1811 fue candidato para integrar el Cabildo de Buenos Aires, no resultando electo en esa oportunidad. (42).

Con motivo de la creación del célebre cuerpo de granaderos, su nombre volvió a ser noticia:
"El coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo don José de San Martín, en oficio de 25 de octubre de 1813, dio cuenta al Supremo Gobierno del donativo de 50 caballos hecho por don Lorenzo López para el servicio del Estado en el predicho regimiento. Nada más justo que recomendar a la pública gratitud los distinguidos esfuerzos de los beneméritos ciudadanos: por esta consideración el Supremo Gobierno, después de dadas a tan digno Americano por conducto de aquel jefe las debidas gracias a nombre de la Patria, ha acordado se publique en la Gaceta Ministerial tan generosa donación." (43).

Vemos como la historia recoge respetuosamente el nombre y la recomendación, como ejemplos del exaltado culto a la patria de uno y de la moral y justicia del otro. Por otro testimonio nos enteramos de que con anterioridad a esta donación, había cedido cuatro equinos para el mismo fin (44) y dos años más tarde lo encontramos en un listado de vecinos del partido del Pilar, colaborando con otros dos caballos para el servicio de la patria.(45).

Su única hija, doña María Luisa López Camelo, contrae enlace en 1813 con don José Luciano Domínguez.


Imagen izq. María Luisa López Camelo (1794-1831). Oleo colección particular de D. José Cossio (inédita). Este cuadro fue conservado por sus descendientes. En su testamento ella dejaba constancia: "ruego que a Pepito se le entregue mi retrato". Se refería a su hijo José Trifón Domínguez.

Una muestra espontánea de su generosidad se revela nuevamente en la Gaceta del sábado 7 de diciembre de 1814, donde se hace una relación de los sujetos que habían donado dinero en la villa de Concepción del Uruguay, destinado a la biblioteca pública establecida en la capital de Buenos Aires (hoy Biblioteca Nacional), contribuyendo Lorenzo López con la suma de 12 pesos. (46).

Años después, el mismo periódico, informaba a la población los aportes recaudados por el director de la referida biblioteca, doctor don Luis José Chorroarin, con motivo de haber iniciado una suscripción para la adquisición de una colección de obras escogidas que se ofrecían en venta a precios de París. Lorenzo López, señala el artículo de la Gaceta, donó 17 pesos. (47).

El 22 de mayo de 1815, con el objeto de auxiliar el apresto de la escuadra naval al mando del entonces coronel don Guillermo Brown, el Cabildo de Buenos Aires lanza una proclama al vecindario de la capital. De las contribuciones voluntarias recibidas se obtiene de don Lorenzo López, 20 pesos y 100 cabezas de ganado. (48).

Establecido nuevamente en la ciudad de Buenos Aires, donde fijaría definitivamente su residencia, a fines de 1815 se produce el deceso de su esposa, doña María Antonia López Camelo, de la cual por desavenencias conyugales se hallaba separado. En el testamento del 5 de julio de 1815 ella dejaba constancia: "que hace dos para tres años, su marido abandonó el matrimonio y actualmente lo está litigando por la entrega de alimentos y otros bienes." (49).

Al quedar viudo, el 28 de agosto de 1816, contrae enlace por tercera vez con doña Tomasa Domínguez, hermana de su primer yerno e hija de Francisco Domínguez y de Francisca Josefa Díaz. (50).

Sus méritos personales y su destacada actuación pública fueron reconocidos por sus contemporáneos y así en varias oportunidades lo eligieron para el ejercicio de cargos en los que siempre hizo gala de su honradez y celo en el manejo de los fondos públicos.

En diciembre de 1817 figuró nuevamente en la lista de candidatos para integrar el cabildo de la ciudad de Buenos Aires, no resultando electo. La historia le reservaba el honor de formar parte de ese cuerpo capitular en una de las épocas más difíciles de la vida Argentina y precisamente en oportunidad en que esa institución, símbolo del federalismo, fue avasallada por el centralismo que tantos males ocasionaron al país. (51). 

La atención de sus intereses particulares, principalmente los ganaderos, le obligaba esporádicamente efectuar incursiones a la provincia de Buenos Aires. Para esos tiempos era uno de los hacendados más importante y adinerado del sur de la campaña bonaerense. Poseía en propiedad las estancias "Las Víboras", "Los Talas" y "Las dos Islas" (52), esta última vendida en 1822 a los hermanos Juan José y Nicolás de Anchorena. (53).

Marcas del ganado de don Lorenzo López. Pilar (2102). Monsalvo y Dolores - Estancia Las Vivoras (5484) y (5485).

Después de la muerte de su yerno José Luciano Domínguez, administró la estancia "Las Mulas", situada entre los ríos Salado y Samborombón. (54) Por decreto del 14 de marzo de 1819, recibió del gobierno de la provincia de Buenos Aires, 21 leguas cuadradas de tierras (56.700 hectáreas) en la localidad de Mar Chiquita, partido de Coronel Vidal, para poblarlas hasta 1826 bajo el sistema de enfiteusis. (55).

Fallecido su cónyuge, doña María Luisa López Camelo vuelve a casarse el 16 de diciembre de 1822 con don Juan Eugenio Villanueva, hijo del doctor don José Antonio Villanueva y de doña María Bárbara Esquivel. Al igual que su padre, la ceremonia de su nuevo matrimonio se realiza en la parroquia de Nuestra Señora de Montserrat. (56).

A mediados de 1819, estando al sur del río Salado, dona 50 reses y 16 caballos para el ejército de observación en la provincia de Santa Fe. (57).

En octubre de ese mismo año, es comisionado por el gobierno para hacerse cargo de las existencias de Kakel Huincul (nombre de la laguna situada en la localidad de Maipú, provincia de Buenos Aires, a unos 1.500 m. de la autovía 2 en el km. 265). En los considerandos de su designación se expresaba: "En su consecuencia facultado por el Director Supremo del Estado para dictar cuantas providencias conduzcan a la realidad de esta importante medida y convencido del interés de que se halla usted animado por la prosperidad de nuestra campaña y todas las demás cualidades que le adornan, he venido en nombrarle…" (58).

Maqueta representación de la guardia de Kakel Huincul (Museo Maipú). 




                           CONTINUA PARTE II

 PARA ACCEDER A CAPITULOS SIGUIENTES CLIC ABAJO EN ENTRADA ANTIGUA
                                                                                                                              
                                                                                               
                                                                                                                             


miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL ALCALDE DE HERMANDAD DEL PARTIDO DEL PILAR DON LORENZO LOPEZ CAMELO - PARTE II

El lugar estaba destinado a mantener los ganados de propiedad del Estado, para proveer la subsistencia de los obreros que debían construir las fortificaciones para defender la frontera de las agresiones de las indiadas, y proteger las estancias rurales afincadas al sur del Salado. La población asentada en el lugar estaba custodiada por una fuerza veterana al mando del capitán don Antonio Sáenz y 25 hombres, cuyos sueldos pagaban los mismos hacendados. El 29 de enero de 1820, don Juan Manuel de Rosas, don Joaquín Suárez y don Lorenzo López, opulentos estancieros del sur, dirigieron una carta colectiva al jefe de las milicias, general don Martín Rodríguez, en ella le hacían presente que el comandante Fleitas ordenaba se sacaran 25 hombres, por compañía, del regimiento de Monte, después de haberse comprometido los mejores recursos de ese partido en la invasión que acababan de efectuar los indios, como asimismo de los contingentes requeridos para el ejército directorial, "además de los 800 caballos escogidos a satisfacción del comisionado, que es uno de nosotros" -dice el mensaje. (59).

A fines de diciembre de 1820, resultó electo representante por la provincia de Buenos Aires (60), prestando juramento el 1º de enero de 1821 como Regidor Cuarto y Defensor de Menores del Cabildo de Buenos Aires. (61).

En el acuerdo del 10 de marzo de 1821, el ayuntamiento le concede un mes de permiso para pasar a su estancia por "asuntos de mayor urgencia", quedando a cargo de la Defensoría de Menores, don Manuel José Haedo. (62) El 25 de abril se reincorpora a las sesiones (63) y el 16 de mayo de 1821 se le encomienda la defensa de la frontera del sur por las frecuentes invasiones de los bárbaros (64).

La situación de la campaña en esos momentos dio motivo para que se reunieran varios hacendados de la provincia con el coronel don Elías Galván. El encuentro se llevó a cabo en la casa del gobernador y los presentes labraron un acta acuerdo que elevada al gobierno fue aprobada por la Honorable Junta de Representantes, cuyos integrantes resolvieron la constitución de una compañía militar de 100 hombres con la denominación "Blandengues Veteranos del Cuerpo de Hacendados", la cual estaría mandada por un capitán, un teniente y un alférez, siendo designado para llevar adelante este cometido conjuntamente con don Joaquín Suárez y don Pedro Pablo Escribano. (65).

Terminada esta comisión, el 3 de agosto de 1821 entró nuevamente en el ejercicio de sus atribuciones como Regidor Defensor de Menores en el Cabildo porteño (66) y cuatro días después, por un decreto del gobernador don Martín Rodríguez, se crea la Junta de Comerciantes y Hacendados, destinada a la protección del comercio, la agricultura y la industria, integrando la misma en representación de los hacendados. (67).

Por una ley propiciada por el ministro don Bernardino Rivadavia, el gobernador don Martín Rodríguez dispone la abolición de los Cabildos de Buenos Aires y Luján, fijando como último día de sus existencias el 24 de diciembre de 1821. Por tanto comunicaba la suspensión de las elecciones de los individuos que debían sustituir a los capitulares para el año entrante de 1822. Ante esta medida los Regidores con la firma de todos sus miembros, incluido don Lorenzo López, dejaron constancia: "que habiendo recibido del pueblo el mandato que ha ejercido durante un año, no prorrogará sus funciones a partir del 31 de diciembre de 1821". (68).

Sus influencias políticas con las más altas personalidades del gobierno, logradas de las diversas actividades cumplidas en la función pública, no significó que olvidara el tan ansiado anhelo de los habitantes del Pilar, de ver concretado el traslado del pueblo de su antiguo asentamiento al lugar actual y la construcción de la iglesia. Esta aspiración de la cual no era ajeno había sido iniciada muchos años antes y por distintos acontecimientos sucedidos en el país las gestiones se hallaban interrumpidas.

El 11 de enero de 1822, una nota enviada por los vecinos del pueblo y partido del Pilar, solicitaba al Ministro de Hacienda fondos públicos "para edificar una Iglesia parroquial en la loma inmediata a la población, donde se lograría una posición más ventajosa capaz de proporcionar al templo más consistencia y duración que la situación en el que se halla ruinoso, contando para el efecto, a más de la piedad generosa de los propietarios, con la liberalidad de don Lorenzo López que se constituye a contribuir con la cantidad de mil pesos anuales durante el tiempo de la obra del templo, y en señal de seguridad firma también con nosotros..." (69).

La respuesta no se hizo esperar y el gobierno contestó agradeciendo el gesto de don Lorenzo López, comunicando, además, que incluiría en el presupuesto de ese año que aún debía aprobar la Sala de Representantes, la cantidad de quinientos pesos para la misma obra. (70)
Las tareas destinadas a la edificación de la iglesia habían sido suspendidas al poco tiempo de iniciadas y en 1823 su progreso era muy lento y faltaba mucho por hacer. El 7 de enero de ese año, el gobernador Martín Rodríguez dictó un decreto conforme al nuevo orden establecido por la ley de la reforma del clero destinado a la multiplicación de los templos de la campaña.
Las partes más salientes de esta disposición decían: "acordando el celo distinguido del vecino de esta ciudad don Lorenzo López en su solicitud para la construcción de un templo en el Pilar, la consideración que las atenciones del erario y sus recursos permiten, el gobierno ha acordado [entregar] la cantidad de 10.000 pesos para la construcción del templo diseñado en los planos presentados que debe erigirse en el nuevo pueblo del Pilar. Esta cantidad será abonada a razón de 1.500 pesos al año y por la tesorería general…". (71).

Si bien ello no fue suficiente y los inconvenientes económicos perduraron para lograr el cometido, la obra pese a los lapsos de interrupción siguió avanzando. Años después, por superior decreto del gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires don Juan Manuel de Rosas, se previene entre otras medidas: "que todas las multas que se saquen en virtud de las ordenes vigentes, sean de la naturaleza que fueren, se entreguen al señor Lorenzo López con el objeto de que sirva a beneficio de la fábrica del templo que por piedad religiosa se construye…". (72).

El predio que hoy constituye el casco céntrico del Pilar fue otra de sus obras culminantes. Entre los años 1825 y 1830 compró y recibió en donación por parte de las hermanas María Josefa y Juana Pérez, varias fracciones de tierras cuya superficie comprendía 700 varas de frente (606,20 m.), por siete cuadras de 150 varas cada una de fondo (909,30 m.), más la manzana destinada para la iglesia. Se supone que los títulos de propiedad pasaron a la municipalidad por cesión de don Lorenzo López. (73).

Los documentos que certifican las transferencias de los terrenos mencionados, consignan al comprador como Lorenzo López “de la Rosa”, lo cual llevó a presumir en principio que se trataba de un pariente de las vendedoras, por ser éstas hijas de don Tiburcio Pérez de la Rosa. Debemos reconocer que este hecho nos despistó hasta lograr aclararlo; el apelativo "de la Rosa" era un agregado y representaba el nombre de su padre, posiblemente utilizado para diferenciarse de sus homónimos. (74).

                                                                           CONTINUA PARTE III