martes, 1 de noviembre de 2011

EL TRATADO DEL PILAR


El 1º de febrero de 1820 las tropas al mando de los generales Estanislao López y Francisco Ramírez (gobernador el primero de Santa Fe y de Entre Ríos el segundo), se enfrentan en la cañada de Cepeda (Santa Fe) con las fuerzas porteñas dirigidas por el general José Rondeau, logrando derrotar a este último y provocando la caída del llamado Directorio de Buenos Aires.

Con la renuncia de Rondeau se suprime el Directorio y a su vez se disuelve el Congreso, exigencias éstas solicitadas por los caudillos federales, quienes también desconocen la autoridad que pretende ejercer el Cabildo; reclamando la creación de una Junta de Representantes y la elección de un gobernador legal a efectos de llegar a un acuerdo de paz.

Una vez formada la Junta de Representantes asume el poder y elige gobernador a Manuel de Sarratea, partiendo éste el 21 de febrero de Buenos Aires para reunirse con Ramírez, el cual se hallaba acampado en el Pilar. El doctor Vicente Fidel López, testigo presencial de ciertos hechos, siendo un niño traza la siguiente semblanza del gobernador Sarratea y de la entrevista de éste con Ramírez: "vivo y ágil, tenía la más completa tranquilidad para acceder y faltar a toda clase de compromisos. Soltaba las palabras, las promesas, los arreglos y las conveniencias, accediendo siempre a todo aquello que podía sacarlo de la dificultad presente; y contando con que, por los mismos juegos, podía salir de todas las dificultades, cualquiera que fuese el que se clavase, o la deslealtad que lo pusiese a sus anchas. Por sorprendentes que sean estas habilidades en el manejo de los expedientes, rebajan indudablemente el nivel moral de los hombres que las tienen, y casi nunca pasan a ser instrumentos poco apreciables. Pero no hay que negar que, en muchas ocasiones, despejan dudas y sirven para poner expedita la vía".

Entraba, pues, Sarratea en el campo de los montoneros, se hizo recibir bien y lo prometió todo con exquisita facilidad. No existe ningún documento que ponga en claro como se desarrollan las conversaciones previas a la firma del tratado de paz. Pero, por lo que resulta al término de ellas, puede suponerse que las exigencias de Ramírez son de naturaleza muy diversa. Unas, de fondo, se relacionan con el contenido del tratado en trámite. Otras, más bien de forma, corresponden al pago de "los gastos de la guerra", que en este caso, como en casi todos los de la historia, al término de una contienda, han de correr a cargo del vencido, en esta oportunidad, Buenos Aires. Ramírez reclamaba, dinero, soldados para él y para su lugarteniente el militar chileno José Miguel Carrera, fusiles, sables, municiones, monturas y algunas embarcaciones de la escuadrilla porteña, para trasladar todos estos elementos a la provincia de Entre Ríos.

Sarratea acepta todas las condiciones que el vencedor impone, pero cuando Ramírez habla de penetrar en Buenos Aires con sus tropas, y de la necesidad de que sea disuelta la Junta de Representantes, Sarratea comienza a poner reparos, aunque sin negarse a nada, respondiendo, y estas también son las palabras del doctor Vicente Fidel López, que "en cuanto a fusiles, sables, municiones, monturas, escuadrillas y dinero, ninguna dificultad se ofrecería; pero el ejército federal no debía pretender por lo pronto entrar a la ciudad; porque con eso se corría el riesgo de indignar el orgullo de los porteños, sin ventaja positiva. El sabía que la Junta de Representantes estaba compuesta por enemigos suyos y de los federales; pero sólo haciendo la paz podía asegurarse bien como gobernador, y contar con fuerza moral y partido para cambiar completamente esos estorbos".

Ramírez acepta estos razonamientos y el 23 de febrero de 1820 acepta firmar con Sarratea el histórico Tratado del Pilar, el cual contiene dos partes: pública la una, secreta la otra. La parte que se hace pública no contiene una cláusula que merezca la más remota crítica, ni de parte de los más enconados enemigos de los jefes federales que lo imponen.

El doctor Vicente Fidel López, siempre dispuesto a encontrar irregularidades en los procedimientos de Ramírez, admite que la principal - él dice única - importancia del Tratado impuesto por el caudillo entrerriano consiste "en el propósito intimo que revelan los pueblos disidentes de reconstruir su preciosa nacionalidad. Ninguno renegaba de ser argentino, ninguno pretendía formar republiquita, sino que miraban como una gloriosa herencia de todos la comunidad de la patria y la unidad del carácter nacional. Este organismo íntimo de la vida argentina, respetado por los caudillos de Entre Ríos y Santa Fe, fue consagrado por el convenio del Pilar como una aspiración nativa de los pueblos".

El general Mitre, también enemigo de aquel, pero mucho más sereno y ecuánime en sus juicios, sostiene que ese Tratado es: "la piedra fundamental de la reconstrucción argentina bajo la forma federal". Y luego agrega que: "esa Convención revela un plan de organización futura, traza rumbos generales, establece nuevas relaciones políticas entre los pueblos, y fija reglas generales de derechos políticos con propósitos coherentes. Es un nuevo pacto político con arreglo a un nuevo sistema de Gobierno que, de hecho, tiende a convertirse en derecho. Dos grandes principios dominan ese Tratado: la nacionalidad y la federación. Las partes contratantes, interpretando el voto de la nación, se reconocen parte integrante de la nacionalidad argentina, y al firmar la paz, sellan nuevamente la unión, considerando el aislamiento como un accidente pasajero. Admiten la federación simplemente como un hecho, y libran su resolución a lo que en definitiva declaren los diputados de los pueblos libremente elegidos, sometiéndose de antemano a sus deliberaciones".

RESUMEN DEL TRATADO DEL PILAR

El Tratado del Pilar, después de una introducción, en la que se deja constancia de que las partes contratantes resuelven poner fin a la guerra, para "concentrar sus fuerzas y recursos en un gobierno federal", contiene doce artículos, cuya síntesis es la siguiente:

1º Las provincias signatarias se pronuncian a favor de "la federación", cuya existencia "de hecho admiten", con la aclaración de que tal pronunciamiento deberá ser confirmado o no por los diputados de todas las provincias, en un Congreso que ha de reunirse en el Convento de San Lorenzo "a los sesenta días contados desde la ratificación de esta Convención".

2º Las hostilidades cesan el mismo día de la firma del tratado, debiendo retirarse "las divisiones beligerantes de Santa Fe y Entre ríos a sus respectivas provincias".

Este segundo artículo, cuyo acatamiento por parte de los federales está condicionado al cumplimiento de las cláusulas de un segundo convenio, al que no se menciona, pues es valor secretamente entendido entre él y Sarratea, que los federales sólo han de retirarse cuando se les cancelen los "gastos de guerra".

3º Los gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos, "recuerdan a la heroica provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la Nación", la difícil situación en que se encuentra la Banda Oriental, invadida por un ejército extranjero, "y aguardan de su generosidad y patriotismo auxilios proporcionados a la orden de la empresa, seguros de alcanzar cuanto quepa en la esfera de lo posible".

4º Establece que las aguas de los ríos Paraná y Uruguay sólo podrán ser navegadas libremente por embarcaciones de las provincias amigas "cuyas costas sean bañadas por dichos ríos".

5º Decreta una amnistía general.

6º Fija ante cualquier diferencia que pueda surgir, respecto de los límites provinciales, será sometida "a la resolución del Congreso General de Diputados".

7º Las partes contratantes admiten, "porque esta medida es muy particularmente del interés de los jefes del ejército federal", que la causa principal de la guerra, la deposición del régimen directorial, "ha sido obra de la voluntad general por la repetición de crímenes con que comprometía la libertad de la Nación, con otros excesos de una magnitud enorme".

8º Declara libre el comercio de armas entre las provincias federales.

9º Ordena la libertad de todos los prisioneros de guerra "después de ratificar esta convención".

10º Aunque las partes contratantes estén convencidas de que todos los artículos arriba expresados son conformes con los sentimientos y deseos del excelentísimo señor Capitán General de la Banda Oriental, don José Artigas, según lo expresado el señor Gobernador de Entre Ríos, que dice estar autorizado por dicho señor excelentísimo para este caso; "no teniendo suficientes poderes en forma, se ha acordado remitirle copia de esta acta para que, siendo de su agrado entable desde luego las relaciones que pueda convenir a los intereses de la provincia de su mando, cuya incorporación a las demás federadas se miraría como un dichoso acontecimiento".

11º Determina las condiciones en que abandonarán la provincia de Buenos Aires las tropas federales, "a las 48 horas de ratificados estos tratados".

12º Por fin, precisa en dos días el término concedido para aquella ratificación, "o antes, si fuese posible".

EL TRATADO SECRETO DEL PILAR

En cuanto al contenido del Tratado Secreto firmado entre Sarratea, Ramírez y López, se relaciona exclusivamente, con la forma en que la provincia de Buenos Aires debe pagar "los gastos de guerra" y en la ayuda que prestará para proseguir la guerra contra los portugueses. Si bien este Tratado no ha sido encontrado hasta la fecha, si es que realmente quedaron constancias escritas, pues también pudo tratarse de un convenio verbal, ha dado lugar a que se interprete en las formas más diversas.

De no haber existido tal Tratado Secreto, la permanencia de Ramírez y López con sus tropas frente a Buenos Aires, durante dos meses, equivaldría a un abuso. Pero aquel tratado, aunque
Sarratea lo haya desmentido, existió. No hay un solo historiador que lo niegue. Y para ello vamos a remitirnos a las propias palabras de algunos de ellos. Dice el general Mitre que el 14 de marzo de 1820 "presentó Sarratea al Cabildo un oficio original de Ramírez", en el que le insinuaba que entre los tres gobiernos signatarios del Tratado del Pilar, "se había acordado secretamente por separado, para no inspirar alarma al Gobierno portugués, que se darían al ejército federal por remuneración de sus servicios e indemnización de gastos, por auxilios prestados por deponer a la facción realista - los directoriales - , la cantidad de 1.500 fusiles, otros tantos sables, 24 quintales de pólvora y 50 de plomo, cuya entrega total habían impedido los mencionados realistas, apoderándose violentamente del mando". Dice también Mitre que en la misma nota - que consta en actas del Cabildo correspondientes al 15 de marzo de 1820 - Ramírez pide, en atención a los nuevos servicios prestados al gobierno de Sarratea por el ejército federal, "se duplicase el número de armas y municiones acordado, y que además se le entregase un vestuario y una cantidad de dinero, todo a la mayor brevedad, pues no esperaba más para retirarse".

El Cabildo da su conformidad a esta nueva exigencia, y el general Mitre, admitiendo la existencia del Tratado Secreto, hace el siguiente comentario: "No sólo hizo entrega - se refiere a Sarratea - de nuevas entregas de armas a los generales de la federación, sino que también armó y equipó a la llamada división chilena de don José Miguel Carrera, autorizándolo a levantar bandera de enganche a dos leguas de la ciudad, y a extraer soldados de sus cuarteles, con el objeto declarado de ir a combatir contra Chile, aliado de la República Argentina".

Acta del Cabildo sobre el Pacto secreto del Pilar
Por su parte el doctor Vicente Fidel López, dando también por indudable la existencia de aquel convenio, hace este comentario: "Aumentóse el encono del vecindario cuando se conocieron las estipulaciones secretas del Convenio del Pilar, Sarratea había hecho entregar a Ramírez 1.500 fusiles, igual número de sables, trabucos de bronce, lanzas y municiones con los correajes respectivos. El parque había quedado limpio, según se decía, y la ciudad estaba ya indefensa en las garras de sus feroces enemigos. A don José Miguel Carrera se le auxiliaba con 700 fusiles y con todos los chilenos capaces de servir que pudiese hallar en Buenos Aires, ya fuesen ocupados en trabajo a jornal, ya en los cuerpos armados, para que marchase a Cuyo y formarse allí una división para invadir a Chile y derrocar a O' Higgins".

Estos mismos puntos de vista son sostenidos por otros historiadores, entre ellos los entrerrianos Martín Ruiz Moreno y Benigno T. Martínez.

PACTO CELEBRADO EN LA CAPILLA DEL PILAR ENTRE LOS GOBERNADORES DE BUENOS AIRES, SANTA FE Y ENTRE RIOS. (Trascripción del texto original).


Convención hecha y concluida entre los gobernadores don Manuel Sarratea de la provincia de Buenos Aires, don Francisco Ramírez de la de Entre Ríos y don Estanislao López de la de Santa Fe, el día veinte y tres de febrero del año del señor de mil ochocientos veinte, con el fin de terminar la guerra suscitada entre dichas provincias, de proveer a la seguridad ulterior de ellas y de concentrar sus fuerzas y recursos en un gobierno federal a cuyo objeto han convenido en los artículos siguientes:

Artículo 1° - Protestan las partes contratantes que el voto de la nación, y muy particularmente el de las provincias de su mando, respecto al sistema de gobierno que debe regirlas se ha pronunciado a favor de la federación que de hecho admiten. Pero que debiendo declararse por diputados nombrados por la libre elección de los pueblos, se someten a sus deliberaciones. A este fin elegido que sea por cada provincia popularmente su respectivo representante, deberán los tres reunirse en el convento de San Lorenzo de la provincia de Santa Fe a los sesenta días contados desde la ratificación de esta convención. Y como están persuadidos que todas las provincias de la nación aspiran a la organización de un gobierno central, se comprometen cada uno de por sí de dichas partes contratantes, a invitarlas y suplicarles concurran con sus respectivos diputados para que acuerden cuanto pudiere convenirles y convenga al bien general.

Artículo 2° - Allanados como han sido todos los obstáculos que entorpecían la amistad y buena armonía entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe en una guerra cruel y sangrienta por la ambición y la criminalidad de los muchos hombres que habían usurpado el mando de la nación, o burlado las instrucciones de los pueblos que representaban en congreso, cesaran las hostilidades desde hoy, retirándose las divisiones beligerantes de Santa Fe y Entre Ríos a sus respectivas provincias.

Artículo 3° - Los gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos por sí y a nombre de sus provincias, recuerdan a la heroica provincia de Buenos Aires cuna de la libertad de la nación, el estado difícil y peligroso a que se ven reducidos aquellos pueblos hermanos por la invasión con que lo amenaza una potencia extranjera que con respetables fuerzas oprime la provincia aliada de la Banda Oriental. Dejan a la reflexión de unos ciudadanos tan interesados en la independencia y felicidad nacional el calcular los sacrificios que costará a los de aquellas provincias atacadas el resistir un ejército imponente, careciendo de recursos, y aguardan de su generosidad y patriotismo auxilios proporcionados a lo arduo de la empresa, ciertos de alcanzar cuanto quepa en la esfera de lo posible.

Artículo 4° - En los ríos de Uruguay y Paraná navegarán únicamente los buques de las provincias amigas, cuyas costas sean bañadas por dichos ríos. El comercio continuará en los términos que hasta aquí, reservándose a la decisión de los diputados en congreso cualesquiera reforma que sobre el particular solicitaren las partes contratantes.

Artículo 5° - Podrán volver a sus respectivas provincias aquellos individuos que por diferencia de opiniones políticas hayan pasado a la de Buenos Aires, o de esta a aquellas, aun cuando hubieren tomado armas y peleado en contra de sus compatriotas: serán repuestos al goce de sus propiedades en el estado en que se encontraren y se echará un velo a todo lo pasado.

Artículo 6° - El deslinde de territorio entre las provincias se remitirá, en caso de dudas a la resolución del congreso general de diputados.

Artículo 7° - La deposición de la antecedente administración ha sido la obra de la voluntad general por la repetición de desmanes con que comprometía la libertad de la nación con otros excesos de una magnitud enorme. Ella debe responder en juicio público ante el tribunal que al efecto se nombre; esta medida es muy particularmente del interés de los jefes del ejército federal que quieren justificarse de los motivos poderosos que les impelieron a declarar la guerra contra Buenos Aires en noviembre del año próximo pasado y conseguir en la libertad de esta provincia a la de las demás unidas.

Artículo 8° - Será libre el comercio de armas y municiones de guerra de todas clases en las provincias federadas.

Artículo 9° - Los prisioneros de guerra de una y otra parte serán puestos en libertad después de ratificada esta convención para que se restituyan a sus respectivos ejércitos o provincias.

Artículo 10° - Aunque las partes contratantes están convencidas de que todos los artículos arriba expresados son conformes con los sentimientos y deseos del excelentísimo señor capitán general de la Banda Oriental don José Artigas según lo ha expresado el señor gobernador de Entre Rios que dice hallarse con instrucciones privadas de dicho señor excelentísimo para este caso no teniendo suficientes poderes en forma, se ha acordado remitirle copia de esta nota, para que siendo de su agrado, entable desde luego las relaciones que puedan convenir a los intereses de la provincia de su mando, cuya incorporación a las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento.

Artículo 11° - A las cuarenta y ocho horas de ratificados estos tratados por la Junta de Electores dará principio a su retirada el ejército federal hasta pasar el arroyo del Medio. Pero atendiendo al estado de devastación a que ha quedado reducida la provincia de Buenos Aires
por el continuo paso de diferentes tropas, verificará dicha retirada por divisiones de doscientos hombres para que así sean mejores atendidas de víveres y cabalgaduras, y para que los vecinos experimenten menos gravamen. Queriendo que los señores generales no encuentren inconvenientes ni escasez en su transito para si o sus tropas, el señor gobernador de Buenos Aires nombrará un individuo que con este objeto les acompañe hasta la línea divisoria.

Artículo 12° - En el término de dos días o antes si fuese posible será ratificada esta convención por la muy honorable Junta de Representantes.

Fecho en la capilla del Pilar a 23 de Febrero de 1820.-

(Firmado y rubricado) Manuel de Sarratea; Francisco Ramírez; Estanislao López.

La Junta de Representantes Electores aprueba y ratifica el precedente tratado. Buenos Aires, a las dos de la tarde del día veinticuatro de febrero de mil ochocientos veinte años.
(Firmado y rubricado)Tomas Manuel de Anchorena; Juan José Cristóbal de Anchorena; Vicente López; Antonio José de Escalada; Manuel Luis de Oliden; Victorio García de Zúñiga; Sebastián Lezica; Manuel Obligado.

EL CAMPAMENTO DE LA CAPILLA DEL PILAR

Vista del predio donde existió el antiguo pueblo del Pilar 
Sobre el lugar donde fue firmado el “Tratado del Pilar”, debemos aclarar que no fue en el sitio que hoy ocupa la ciudad cabecera del partido, sino en las inmediaciones del Río Luján donde existió el primitivo pueblo conocido como “Pilar viejo”. 

 Se ha dicho y se repite en forma frecuente, que este pacto se celebró en el interior de la Capilla; otros con más osadía agregan "donde a los pies de la Virgen del Pilar oraron los caudillos federales". Y no faltó quien exhibiera una fotografía de la plaza del Pilar, para relacionar el paseo como punto de referencia donde tuvo lugar el suceso, o mostrar una ventana de la actual parroquia y decir que la reja es de la capilla donde se firmó el tratado.

Izquierda foto publicación, derecha vista actual de la venta de la parroquia.

No hemos encontrado testimonio alguno que pruebe estas afirmaciones y en los libros de la iglesia de esos días nada se dice sobre la supuesta reunión de los gobernadores en el interior del templo, o de que estos hayan participado en alguna misa u otra ceremonia religiosa.

Si bien en el acta del acuerdo dice que fue firmado en "la Capilla del Pilar" no necesariamente debemos suponer que su escenario fue el templo religioso, ya que era costumbre citar el paraje por la referencia de su iglesia que era el centro del pueblo.

Días antes del encuentro y las deliberaciones con Sarratea, Francisco Ramírez había movilizado su ejército desde Luján y acampado en el Pilar, muy cerca del río Luján. Precisamente un vado situado en este cauce que tomó el nombre de "Paso de la Montonera", guarda relación con el afincamiento de las tropas federales y era utilizado para pasar con sus caballadas y desplazarse a otros puntos de la campaña.

En el plano de Bartolomé Muñoz de 1820, abajo, podemos ver en líneas punteadas los caminos de la época utilizados para cruzar el Río Luján. A la altura de la Parroquia del Pilar se pueden observar dos senderos, que luego de trasponer el río, uno se dirige en dirección a la Villa de Luján y el otro hacia el pueblo de Capilla del Señor, atravesando este último el campo hoy conocido como “La Montonera”.


 Río Luján (azul) , Ciudad del Pilar,  Estancia La Montonera (amarillo), Pilar Viejo (rojo).
Para ese entonces en el Pilar reinaba el caos, los habitantes estaban divididos y enfrentados por la separación del presbítero Pascual Alejandro de Rivas, a quien se lo acusaba de entorpecer la fábrica de la nueva iglesia; este sacerdote era un aliado del R. P. Fray Francisco Castañeda, opositor de los federales; el curato del Pilar estaba interinamente a cargo del teniente de cura fray Manuel Tomás de Echabarri y aún no había sido designado el nuevo párroco. Recordemos también que en esos momentos los vecinos estaban abocados al traslado del pueblo viejo al sitio que ocupa la ciudad actual.

Es suficientemente sabido que una vez iniciados los gobiernos patrios surgieron desgraciadamente las dificultades; dentro del marco de la guerra de la independencia, que era lo grande y lo noble, aparecieron las diferencias locales, las ambiciones de predominio, las facciones y luego la guerra civil, la montonera, el colosal desorden de la anarquía. Pilar, como otros pueblos de la campaña, fue el azote de las montoneras, que resultaban en cierta manera peores que los malones de los indios.

BIOGRAFIAS DE LOS FIRMANTES DEL TRATADO DEL PILAR

                                     
Manuel Marcelino Casiano Hipólito de Sarratea

Diplomático, político y militar argentino. Nacido el 13 de agosto de 1774 y bautizado al día siguiente en la iglesia catedral de Buenos Aires, hijo de Martín Simón de Sarratea, natural de Oñate, Guipúzcoa, y de Tomasa Josefa de Altolaguirre y Pando Recibió su educación en el colegio Vergara de Madrid, España. A su regreso al Río de la Plata participó de la Revolución de Mayo de 1810 y, al año siguiente, integró el Primer Triunvirato junto a Feliciano Chiclana y Juan José Paso. Ejerció como general en jefe en segundo sitio de Montevideo, enviado por el Triunvirato. En 1814 viajó a Londres para gestionar el apoyo de Gran Bretaña ante un posible ataque español. En 1817 el Director Pueyrredón lo nombró secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores. En 1820, después de la batalla de Cepeda, ocupó brevemente el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires y, el 23 de febrero de ese año, firmó junto a los caudillos federales Francisco Ramírez y Estanislao López, el Tratado del Pilar. Fue depuesto y pasó a Entre Ríos. En 1826, el presidente Bernardino Rivadavia lo envió en misión diplomática a Inglaterra, Brasil y Francia. Falleció el 21 de septiembre de 1849 en Limoges, Francia.


José "Pancho" Francisco Ramírez

Nació el 13 de marzo de 1786 en Arroyo de la China, luego Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde fue bautizado tres días después, hijo de Juan Gregorio Ramírez y de Tadea Jordán. Caudillo entrerriano. Fue uno de los primeros en oponerse al centralismo de Buenos Aires. Se incorporó al movimiento patriótico en 1810 y, al año siguiente, se unió a José Ricardo López Jordán para apoyar a José Gervasio Artigas en su lucha contra los españoles y contra la invasión portuguesa desde Brasil. Posteriormente se alió a Estanislao López, caudillo de Santa Fe. El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, intentó una política conciliatoria para proteger su objetivo principal; apoyar a José de San Martín en su proyecto de independencia. En 1819 José Miguel Carrera, caudillo chileno, regresó de su exilio y se alió con Carlos de Alvear, ansioso por recuperar el poder político. Ambos convencieron a Estanislao López y a Ramírez para que se unieran a ellos contra el Directorio. Junto a López dirigió el ejército que derrotó a José Rondeau en Cepeda el 1º de febrero de 1820. Victoriosos, avanzaron sobre Buenos Aires donde exigieron la sanción de un modelo federal de gobierno, la destitución del Director y la supresión de la Legislatura que había sancionado la Constitución unitaria de 1819. Obtuvieron sus pretensiones y el 11 de febrero se constituyó como autoridad el Cabildo Gobernador, cinco días más tarde, la Junta de Representantes nombraba a Manuel de Sarratea gobernador, rubricando con Ramírez y López el Tratado del Pilar, el cual señalaba el triunfo de las autonomías provinciales sobre Buenos Aires.

Acuerdo que constituye la piedra fundamental de la organización federal y republicana del país, adoptada definitivamente tres décadas más tarde, al sancionarse la Constitución de 1853. Poco después, Ramírez se enfrentó a López por el liderazgo político de la región y derrotó a Artigas en las batallas de Las Tunas y Rincón de Abalos, cuando éste había sido desplazado de la Banda Oriental e intentaba establecerse en territorio argentino. El 24 de noviembre de 1820 fue elegido en Gualeguay Jefe Supremo de la República de Entre Ríos, que comprendía el actual territorio de la Mesopotamia (Entre Ríos, Corrientes y Misiones), sentando las bases de los reglamentos económicos, militares y políticos de la provincia. Lanzado a la guerra contra Estanislao López, al amanecer del 10 de julio de 1821, estando acampado con sus fuerzas en San Francisco Viejo (paraje distante pocos kilómetros de Villa de María de Río Seco y de San Francisco del Chañar, provincia de Córdoba), fue sorprendido por la vanguardia de la División Auxiliar de Santa Fe, a cuyo frente se encontraban el comandante Juan Luis Orrego y el teniente José Maldonado. Prácticamente no hubo combate alguno, las fuerzas de Ramírez se dispersaron, y allí perdió la vida el "Supremo Entrerriano", según la versión de Anacleto Medina, que fuera el segundo jefe del ejército de Ramírez. Aun carentes de documentación fidedigna, muchos historiadores han enmarcado el suceso como una proeza varonil, ya que sostienen que el caudillo escapó con vida pero al descubrir que su compañera Delfina había caído en manos del enemigo, regresó para rescatarla, lo que le valió la muerte. Ramírez fue decapitado y su cabeza mandada a Estanislao López, quien la exhibió públicamente en el Cabildo de Santa Fe.


Estanislao López

Bautizado el 1º de diciembre de 1786, a los 8 días de nacido en la parroquia de Todos los Santos (actual Catedral Metropolitana de la ciudad de Santa Fe), junto a su hermana melliza Catalina, de 7 días, por lo que se deduce nacieron en la medianoche del 23 de noviembre, siendo anotados como "expósitos". Lo apadrinó su tío político Estanislao Ojeda, por quien se le dio su nombre. El historiador José Carmelo Busaniche, por otros documentos, pudo determinar que Estanislao López fue hijo de Juan Manuel Roldán y de María Antonia López. Estudió en la escuela pública de su provincia y, muy joven, con solo 17 años de edad ingresó al servicio de las armas en la Compañía de Milicias provinciales. En 1810 combatió en la campaña al Paraguay bajo las órdenes de Manuel Belgrano. Fue prisionero de los realistas en Tacuari y conducido a Montevideo, logrando escapar e incorporarse al ejército de Rondeau. Al levantarse el sitio de Montevideo, en 1811 regresó a Santa Fe. En 1816, el gobernador Mariano Vera lo designó comandante de armas de su provincia.

En 1818 asumió por primera vez la gobernación de Santa Fe. Entre los actos de su gestión se destaca la promulgación del Estatuto de agosto de 1819, que se convertiría en la primera Constitución provincial sancionada en nuestro país. Compartía las ideas federales que propugnaba José Gervasio Artigas, a quien apoyó en la liga de los pueblos libres y combatió al gobierno del Directorio, al que derrocó en la batalla de Cepeda.

Firmó el 23 de febrero de 1820 el "Tratado del Pilar"; el 24 de noviembre de 1820 el "Pacto de Benegas", auspiciado por el cordobés Juan Bautista Bustos, y, en 1822, el del "Cuadrilátero". Fue aliado de Juan Manuel de Rosas en su lucha contra los unitarios. En 1828 fue designado jefe del Ejército Nacional por la Convención Nacional reunida en Santa Fe y, un año después, colaboró con Rosas el 26 de abril de 1829 en la victoria sobre Juan Lavalle en Puente de Márquez, sin embargo nunca le perdonó haber hecho las paces con éste mediante el "Pacto de Cañuelas", sin su consentimiento. No obstante, en 1830, ante la amenaza de José Maria Paz como líder de la Liga Unitaria hizo que suscribiera el 4 de enero de 1831, con el Restaurador, el "Pacto Federal" de alianza militar. Enfermo de "tuberculosis" falleció el 15 de junio de 1838, a las 16.30 horas, en la casa que ocupara sobre la calle de la Matriz (que actualmente lleva su nombre), de la ciudad de Santa Fe, siendo sus restos sepultados en el presbiterio del convento histórico de San Francisco.


Gaceta de Buenos Aires


Bibliografía y documentación consultada.

-Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires.
-AGN. Plano Bartolomé Muñoz, 1820.
-Archivo General de la Nación, X-27-7-9.
-Beliera Aldo Abel "Basamento Histórico de la Capilla Nuestra Señora del Pilar y del Pueblo del mismo nombre", Primeras Jornadas de Historia del Partido del Pilar 1990, Buenos Aires, 1991.
-Beruti Juan Manuel "Memorias Curiosas", Buenos Aires, Emece, 2001.
-Biblioteca Clarín "Historia Visual de la Argentina".
-Busaniche José Carmelo "Hombres y Hechos de Santa Fe", Segunda Serie, Santa Fe, 1955.
-Calvimonte Luis Q. y Moyano Aliaga Alejandro "El antiguo Camino Real al Perú en el Norte de Córdoba",  
 Córdoba, 1996.
-Cervera Manuel M. Dr. "Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe", (1573-1853) Santa Fe, 1907.
-Documentos para la Historia Integral Argentina I *, Buenos Aires,1974.
-Fernández de Burzaco Hugo "Aportes Biogenealógicos para un Padrón de Habitantes del Río de la Plata" , 
 Volumen VI, Buenos Aires, 1991.
-Revistas “Todo es Historia”, Nº 74, junio 1973 y Nº 215, marzo 1985.
-Fundación Vasco-Argentina Juan de Garay "Los Vascos en América", Tomo V, Buenos Aires, 2001.
-Gazeta de Buenos Aires.
-Levene Ricardo "La anarquía del año 20", Buenos Aires, 1954.
-Miloslavich de Alvarez María del Carmen "Ramírez y el lugar donde fue firmado el Tratado del Pilar", Diario La  
 Calle, Concepción del Uruguay, Entre Ríos, edición 13 de marzo de 1991.
-Newton Jorge "Francisco Ramírez, el Supremo Entrerriano", Buenos Aires, 1964.


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